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Estado Opinión

LA ESTRATEGIA DEL CAOS

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Por JOSÉ LUIS FIGUEROA GONZÁLEZ / MASEUAL

*  De modelos educativos y política internacional

Jojutla, Morelos, México, 3 de julio de 2017.-  Caracas, Venezuela, martes 27 de junio de 2017. Un helicóptero de la policía científica sobrevuela el centro de la capital venezolana, se dirige a los edificios que ocupan el Ministerio del Interior y el Tribunal Supremo de Justica; hace unos giros y se escuchan detonaciones; mientras, desde el helicóptero, se despliega una manta con la leyenda “350 LIBERTAD”. Suenan las alarmas, la nave se pierde en el horizonte caraqueño. Se extiende la noticia por el mundo con la rapidez de internet y nadie duda de que se trata del algo relacionado con la situación agitada y violenta desatada en el país latinoamericano a raíz de que la oposición a Nicolás Maduro se ha propuesto la caída del gobierno chavista a como dé lugar. Rápido se conoce que el piloto se llama Óscar Pérez, que es miembro de la llamada policía científica del régimen y que cuenta con una formación de alto nivel en cuestiones de adiestramiento militar. Múltiples videos lo muestran lanzándose en paracaídas con todo y perro, acertando a un blanco a través de un espejito retrovisor, buceando en ejercicios de combate, piloteando helicópteros con osados movimientos; éste es el Rambo de Venezuela, como se le ha empezado a llamar o el nuevo Robocop justiciero, de cualquier forma y de repente ha pasado a ser héroe y villano. En una proclama por las redes sociales aparece rodeado de otros agentes totalmente cubiertos de armas y de uniformes militares negros; él se muestra en traje de camuflaje y con el rostro descubierto mostrando sus ojos claros. Exige la renuncia de Maduro y se define como Guerrero de Dios, a quien “Jesucristo lo acompaña”. En el centro de tanta dificultad para Venezuela y muchas partes del mundo, no deberíamos detenernos en un personaje que pinta más a fanfarrón y fanático que a un verdadero luchador por la democracia. Su ataque no tiene mayor sentido que el de la propaganda política y a eso no vale la pena darle cuerda. Lo que sí importa es el símbolo que Óscar Pérez puede llegar a ser para los que invocan la formación de prototipos de sujetos desarrollados al alto nivel en cualquiera de las áreas de desempeño con un enfoque de neutralidad técnica. Las alabanzas que sigue recibiendo este personaje por los medios de información masiva claramente a favor del golpe de Estado en Venezuela, van dirigidas hacia “sus ojos bonitos”, su capacidad de disparar de espalda y dar en el blanco, su adiestramiento que lo hace eficaz en agua, tierra y aire; es decir, se requieren sujetos hábiles aunque sin conciencia sobre la trascendencia de sus actos.

Después de la intensificación de las protestas opositoras en los últimos noventa días, la cuestión del conflicto en Venezuela puede parecer un asunto ajeno, “calamidades” provocadas por un “dictador”, correlación de fuerzas entre la oposición financiada por el imperialismo norteamericano y el pueblo-gobierno venezolano organizado para construir el “Socialismo de siglo XXI” o bien solamente la nota de violencia del consumo de noticias nuestro de cada día. Más allá de lo superficial y aunque no quisiéramos enterarnos, la trascendencia del conflicto rebasa el ridículo que hizo Videgaray en Cancún durante la reciente reunión de la OEA en la que se pretendió sancionar y llamar a la intervención en contra de Venezuela. Nos guste o no, Venezuela es parte de una serie de conflictos fabricados para mover, remover y acomodar piezas en el marco de la lucha por la supremacía en el mundo. Aunque en las escuelas de nivel básico, el medio básico (a veces ni en las universidades) no se acostumbre trabajar con las noticias de actualidad ni enseñar a los niños y jóvenes a distinguir las fuentes de información, cuando menos los profesores deberíamos manejar un mínimo de datos, procesarlos y sacar conclusiones que relacionen lo que acontece con el trabajo y la conciencia de ser docente de educación pública. No se trata de repetir lo que inducen las distintas fuentes de información, la tarea es aplicar algún modelo de análisis para obtener nociones que sean útiles a la comprensión de lo social y a la acción como docentes y como ciudadanos. Para el efecto se puede acudir a teorías o hipótesis de quienes se mueven en medio de los conflictos con un posicionamiento reflexivo y crítico, porque ahí está la posibilidad de formarse un criterio propio que determine entender lo que sucede más allá de las apariencias que fomenta la propaganda, y en consecuencia actuar de manera sustentada y congruente.

El periodista y activista francés Thierry Meyssan (Entrevista en RT 22 de mayo de 2017, Youtube), corresponsal en Siria y otros países del Medio Oriente, expone una teoría para explicar cómo se están dando los conflictos mundiales a partir de los cambios que se han propuesto los gobiernos recientes y los poderes de facto de Estados Unidos. Tradicionalmente, todos entendemos que ha sido una política internacional intervencionista para someter, apoderarse de recursos naturales, anexarse territorio e imponer gobiernos títeres, la que ha venido aplicando Estados Unidos desde el siglo XIX, principalmente con Latinoamérica pero cuya presencia ha llegado a todas partes. Pero no siempre se han obtenido los resultados deseados por el imperialismo yanqui, la derrota moral en Vietnam, los miles de muertos en tantos y tantos campos de batalla en el extranjero, el costo económico de cada conflicto, el repudio mundial a los actos de rapiña y el odio antinorteamericano engendrado en los pueblos masacrados; todo eso y más, por lógica, ha exigido un cambio de estrategia del que tal vez no estemos suficientemente enterados. Para el periodista Thierry Meyssan y otros, ahora se está aplicando la estrategia del caos, que consiste en hacer pagar a terceros los costos del intervencionismo y de la supremacía mundial de Estados Unidos. Por eso, como se está viendo en los conflictos de Túnez, Libia y Egipto, la llamada “Primavera Árabe”, extendida a Siria y más países de la región, el objetivo ya no es derrocar gobiernos “malos” para sustituirlos por otros “buenos”, sino la destrucción de Estados-Nación seleccionados. El modo de lograr la supremacía mundial es dividir al mundo en dos zonas: una estable encabezada por Estados Unidos y aliados, con el acompañamiento de otros gigantes como China y Rusia, y otra zona de caos donde prive la desestabilización política y la destrucción material; la meta es que ningún país fuera del círculo de la élite mundial pueda ofrecer oposición o resistencia; lograr que los países de la zona de caos se la pasen construyendo y reconstruyendo su infraestructura en dependencia de los mandamases mundiales.

La estrategia del caos suena interesante porque promete además no arriesgar a los soldados norteamericanos más de lo indispensable, reducir costos de intervención y no comprometerse con títere alguno para sostenerlo en el poder. La metodología de intervención consiste en utilizar a la oposición del gobierno elegido para aprovechar a sus bases sociales, proporcionarles medios de subversión y empujarlos a poner las víctimas. Cuando se logra que

la oposición se enfrente al gobierno se tiene a la mano la acción manipuladora de los medios de información para acentuar las consecuencias “de represión” denunciando o inventando lo que sea necesario para desprestigiar a mansalva. Si no hay sangre, entonces se contratan francotiradores que disparen en contra de las dos partes para que se culpen mutuamente y se produzcan una reacción cada vez más violenta. Para entonces se llegará a lo que se llama “Guerra de Perros”, una fórmula que parece infalible para incrementar la rabia y la insensatez; atacarse mutuamente, entre oposición y gobierno provoca que se maten entre ellos mientras los agentes de la intervención observan a prudente distancia, sin correr peligro pero listos para aportar más recursos materiales para la violencia y hasta para enviar mercenarios. Esta metodología se ha probado desde la Guerra de los Balcanes que fragmentó a Yugoslavia, se aplicó en Libia para destruir al gobierno de Kadafi, se está aplicando en Siria en un conflicto prolongado que está convirtiendo a ese país en una tierra de escombros, de muertos por doquier y de sufrimiento inacabable para residentes y refugiados. El objetivo de destruir países seleccionados para su destrucción se va alcanzando al convertir en ruinas su infraestructura de producción y desarrollo social. Lo que parece ser una guerra interna pronto se descubre como un conflicto promovido por fuerzas exteriores que empañan el panorama para que predomine su visión de quién es el bueno y quién es el malo. Así se utilizan términos como “ayuda humanitaria”, “protección de los derechos humanos”, “acción benefactora de los cascos blancos”, etcétera, para encubrir una intervención mayúscula en sentido contrario a sus dichos.

Tiempos los nuestros de espectacularidad en los medios de información y su alta tecnología, su papel es fundamental para crear el escenario favorable o desfavorable para una determinada situación. Las noticias se editan o recortan a modo, los editoriales se tergiversan a interés de quien paga, se hacen montajes de acciones inexistentes con el fin de impresionar y convencer, todo al servicio de una propaganda al mejor postor. Las excepciones son escasas y están representadas por medios acosados, perseguidos y víctimas de cualquier tipo de campaña de desprestigio y hasta de agresiones de muerte y destrucción. De tal forma, llevan la delantera los medios de información que se prestan a servir a la estrategia del caos; lo mismo se montan escenas como el ataque a símbolos de lo que se quiere destruir tales como estatuas o monumentos, quema de banderas o lo que sea para dar la impresión de una sublevación popular; se escandaliza y exagera todo lo que influya en el ánimo del televidente. La propaganda incluye presentar a los gobiernos indeseables como criminales de guerra y dar seguimiento detallado y tendencioso a las reacciones manipuladas de grupos que no se dan cuenta de que están siendo utilizados. Los mercenarios son otra parte del menú del caos porque ellos no tienen patria que defender, solamente matan y destruyen por la paga que reciben de misteriosos financiadores. A todo esto las derechas están siendo muy afines en Venezuela y en muchas partes del mundo, promoviendo la confusión de que se lucha por derechos humanos cuando en realidad se colabora que la destrucción de sí mismos. El intervencionismo norteamericano nunca le ha sido fiel a ningún opositor que llega al poder por estos medios; a Estados Unidos no le interesa la democracia, ya ni siquiera tanto los recursos naturales como la destrucción de loa países que no se someten lo necesario. El error que se está cometiendo por parte de los opositores de la derecha venezolana es no entender hacia

dónde llevan a su país aceptando ese “apoyo” exterior con la casi inminente posibilidad de crear un escenario de guerra como el que está ocurriendo en Siria.

Este es el marco en el que el Rambo de Venezuela hace un despliegue de exhibicionismo llamando a la protesta popular generalizada creyendo que le hace un bien a la tierra de Bolívar. La alta valoración que hacen los medios de información sobre las habilidades de este policía son de preocupar porque suenan muy ad hoc con los requerimientos y las características que está de moda festejar en las personas de “éxito”; una especie de robot ha venido a apantallar a los azuzados en Venezuela y otras partes del mundo, para mostrarnos cómo hace falta una formación integral que incluya la formación de la conciencia histórica que dé sustento al desarrollismo técnico. Aparte de exigir la renuncia de Maduro, lo cual podrán sustentar o no, legalmente hacer procedente o no, de los opositores venezolanos no se conoce una propuesta seria de renovación o mejor beneficio para lograr la justicia social o el bienestar popular. Luego entonces, si es la insensatez y el afán de destruir lo que a una parte de los venezolanos no le parece bien, estamos ante un peligroso y contagioso procedimiento para dirimir diferencias gracias a un intervencionismo que apuesta por el caos.

Contextualizar este problema en el proceso de la formación de la conciencia histórica lleva a preguntarse por el papel de los profesores, en medio de la estrategia del caos. La importancia de este aspecto puede pasar desapercibida para los educadores que intenten desligar su desempeño de la acción política y jueguen a la neutralidad de su labor. Se debe reconocer que una educación propicia para admitir la estrategia del caos se presenta despolitizada, supuestamente neutral y avocada a la transmisión de conocimientos, favorable al desarrollo técnico sin más, incubadora de la idea de que no hay nada más allá del éxito personal. En cambio si se admite que hay otro tipo de educación a la que podemos llamar emancipadora entonces el enfoque cambia hacia una base de dignidad nacional, genera una acción de trabajo con el conocimiento técnico regulado por la conciencia histórica, promueve el desarrollo integral conjugando conocimientos-habilidades-ética-valores nacionales y universales-solidaridad internacional. El maestro despreocupado por la realidad social global puede estar tranquilo sintiendo que ejerce un trabajo por el que se le paga y nada más, pero de algún modo resentirá las consecuencias en el cotidiano transcurrir de las actividades con sus alumnos y en su acción o inacción como sujeto social. De otro lado se encuentra el profesor cuya conciencia histórica lo mueve a conocer, a indagar y estar al día en cuestiones de política internacional y otros temas que influyen en su percepción del mundo, de su país y de su labor en la escuela; éste será el maestro que podrá elaborar secuencias didactas con el compromiso social necesario para apoyar la emancipación de sus estudiantes.

La complejidad de los acontecimientos mundiales puede desanimarnos y sentir que es demasiado para lograr conocer e influir en todo. La cómoda neutralidad está ahí esperando consentirnos para no salir de la llamada zona de confort. Sin embargo, una verdadera profesionalización de la docencia no se entiende sin el seguimiento de lo que sucede al menos para prever -ver antes de que suceda-, lo que puede ocurrir si no estamos al pendiente de lo

que ocurre con los vecinos y con los hermanos de ideales o de proyectos. El docente como un profesional político suena a desacato pero es una condición indispensable para superar las ligaduras que pretenden mantenernos fuera de opinión política o de la acción organizativa en la escuela, desplazados del ejercicio de la inteligencia y el criterio, sometidos a procedimientos técnicos que nos empobrecen como agentes sociales y como personas. Necesitamos retomar o empezar concebir al maestro como constructor de acuerdos para proteger y desarrollar el bienestar social al menos a la manera de un ejemplo que pueda servir a los alumnos en su vida como ciudadanos. Se busca al maestro como un referente de conocimientos y actitudes para vivir mejor en comunidad, del mismo modo que sujeto de integridad y congruencia. No nos falta vivir en la admiración de Rambos o Robocops, el punto es bajar a nivel de piso nuestras realidades para hacer con ellas motivo de reflexión y transformación de lo necesario.

Sirva la política internacional y la estrategia del caos para apuntar las antenas hacia lo trascendente. Utilicemos la fanfarronería de Óscar Pérez para saber lo que no queremos y lo que no es deseable en las generaciones jóvenes. Estamos bien sin ser “Guerreros de Dios”, aprendiendo día a día a vivir en concordancia con los principios y proyectos que nos sirvan para ser mejores en el sentido más humano. Solidaridad moral y el apoyo posible con los que sufren hoy día la estrategia de la destrucción, reflexión y acción para que no ocurra entre nosotros.

 

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