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Estado Opinión

LA ANSIEDAD COMO FACTOR “NATURAL” EN EL DESEMPEÑO ESCOLAR

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PorJOSÉ LUIS FIGUEROA GONZÁLEZ / MASEUAL

*  Lo que sucede cuando la perversidad sistémica se disfraza de motivación

Jojutla, Morelos, México, 17 de julio de 2017.-  La caída en desgracia de las utopías igualitarias junto con el avance del modelo neoliberal de economía, han marcado la modificación del pensamiento social en lo general y ha trascendido en las prácticas de los sujetos. Así hemos visto el paso del maestro comprometido con su trabajo ante sus alumnos y la comunidad al trabajador docente instrumentalizado como ejecutante de acciones programadas y diseñadas según propósitos que no son considerados propios. Tradicionalmente el ejercicio de la docencia no ha sido pagado a plena satisfacción de los maestros, las adversidades y carencias de los contextos de trabajo siempre han sido difíciles, sin embargo, hasta hace algún tiempo al maestro le quedaba el resguardo de la satisfacción por alcanzar metas de desarrollo educativo con las que venía comprometiendo esfuerzo, tiempo extraclase, tranquilidad personal y hasta recursos económicos ya de por sí exiguos. Ese espacio de salvaguarda en el que las dificultades se compensaban con fortaleza emocional se ha desgastado rápidamente para llegar a una situación de ansiedad aumentada al grado de crear un malestar emocional que pone en grave riesgo la salud de los profesores. Es un mal signo de naturalización de las angustias que nos empuja a considerarlas como el costo “normal” de un proceso por el que alcanzaremos la tan anunciada y prometida “calidad educativa”. La explicación más simplista nos dice que para mejorar hay que entrar al sistema de competición o competencias bajo reglas “iguales” para todos y a sabiendas de que sólo los más disciplinados y competentes alcanzarán la gloria. En el fragor de la batalla, el estrés, la ansiedad por ser el mejor, por ganarle a todos, serán prueba de resistencia superada sólo por los más capacitados; los demás se perderán en el malestar, se enfermarán y serán descartados, pero es lo natural. Verdad absoluta desde la mirada del darwinismo social.

Las condiciones laborales de los maestros han sido agravadas por una reforma educativa con evidencias de enfilarse hacia la reformulación del estatus laboral de los maestros y hacia la estructuración de una mentalidad acorde con el paraíso de la globalización económica. La inestabilidad emocional provocada por la inseguridad laboral anuncia que el signo de estos tiempos será el condicionamiento para acostumbrarse a vivir bajo excesiva presión permanentemente. Se trata de la utopía hecha realidad para los tecnócratas que siempre habían deseado controlarlo todo desde su computadora. De esa manera llegamos al juego de que te abro la plataforma digital para que subas calificaciones, observaciones y otros datos, pero durante el tiempo que yo decido y sin importarme si invado tu esfera de vida personal, si te angustias o si pereces en el intento. La moda ahora también es que los estudiantes reportan sus tareas mediante dichas plataformas programadas para ponerle una barrera infranqueable a los imponderables y para “disciplinar” a los que siempre buscan la manera de “evadir responsabilidades”. Poniéndonos en manos de las máquinas no nos sorprenda que la deshumanización se nos vaya metiendo en la cabeza e inoculándonos obsesiones que definan el estilo de vida del futuro cercano. Poco a poco se hace “normal” ir viendo cómo van quedando en el camino los débiles protegidos los demás por la indiferencia cual escudo que nos salva, mientras no nos toque…

Ser docente en tiempos recientes significa estar sometido a una ansiedad que se vuelve omnipresente e inagotable, únicamente interrumpida por breves momentos de evasión de la realidad a través del esparcimiento prediseñado y de los valores sociales revertidos. La administración del sistema educativo se vuelve cada vez “el gran hermano” –como lo concibió Aldous Huxley- que todo lo vigila porque gracias a la tecnología está en todas partes y sabe todo de cada uno de nosotros. Big Brother nos recuerda a cada rato que la espada de la evaluación punitiva sigue balanceándose sobre nuestras cabezas, que lo único seguro es que nada es seguro, que el juego ya empezó y que ni te escondas porque te pillo o a qué no me atrapas porque te engaño. De alguna manera tiene que reencauzarse la ansiedad y lo más probable es que en este jaloneo muy pocos se den cuenta de que el Ser Pedagógico se diluye en aras de una perversidad sistémica que tiene finamente calculado el costo y la ganancia que espera de su inversión.

En sentido contrario a los discursos la docencia no se encamina a su profesionalización porque el diseño de la formación docente y el desempeño tendrían que salirse del control administrativo agobiante y encaminarse hacia el ejercicio autónomo y responsable. Un sistema educativo que le sigue los pasos a los maestros como quien va detrás de un delincuente al que hay que atrapar con “las manos en la masa”, no puede cumplir sus promesas de mejoramiento de la educación porque está más ocupado en mantener a raya al que considera fraudulento de origen, que en construir lo necesario para favorecer el bienestar general. Este mecanismo parte del supuesto de que a mayor presión el sujeto se “motiva” más para desempeñarse al más alto nivel; especialistas de la psicología social deberían explicarnos qué es lo que sucede con las personas cuando las marcas de ansiedad son tales que afectan el control de sí mismo. En todo caso habría que reconocer cómo es que este modelo de trabajo vuelve desechables a muchos por el afán de reclutar a los que mejor se adapten a los fines externos al ámbito educativo. La realización profesional de los profesores está quedando al margen porque predomina el enfoque utilitarista según el cual un empleado se encuentra en total disposición del gerente y que darle un trato horizontal es craso error. La formación del niño se está pervirtiendo porque pasa de ser un trabajo fino y delicado de desarrollo humano a convertirse en una serie de acciones prediseñadas para la clasificación social, la capacitación laboral y la permanencia del estado de cosas.

Acompañando a los profesores con su ansiedad van los estudiantes con sus propias angustias; algunas ancestrales y otras actualizadas de acuerdo al estilo de vida hegemónico. No sería difícil explorar el pensamiento ni observar las actitudes de nuestros alumnos para darnos cuenta cómo la están pasando en estos de ser conejillos de Indias de los vertiginosos cambios; habría que documentar si de verdad aprender es divertido solamente porque la tablet pasa a ser la herramienta esencial del aprendizaje, preguntarse si aprender es algo más que divertirse, saber cómo perciben los estudiantes las ansiedades de sus maestros y cuáles son las propias. Algo así se propuso la encuesta El bienestar de los estudiantes PISA 2017, al preguntar acerca de la motivación para el desempeño, la ansiedad que provocan las tareas escolares y los exámenes, el sentido de pertenencia al centro educativo, entre otros rubros. En el apartado de

motivación de desempeño resultó interesante comparar los resultados en el caso de los estudiantes de quince años de edad en México con las respuestas promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) porque llama la atención lo que podría considerarse un alto nivel de motivación de los estudiantes mexicanos, lo cual exige una interpretación más allá de la primera impresión ya que al correlacionar con los niveles de ansiedad manifestados, resulta un cuadro tal vez alarmante. Veamos:

MOTIVACIÓN DE DESEMPEÑO

RESULTADOS EN MÉXICO  84 % Satisfechos o muy satisfechos con su

vida

PROMEDIO EN LA OCDE 71 %

81 % Quiero ser uno de los mejores en clase

PROMEDIO EN LA OCDE 59 %

39 % Me considero una persona ambiciosa

PROMEDIO EN LA OCDE 71 %

83 % Quiero ser el mejor haga lo que haga

PROMEDIO EN LA OCDE 65 %

96 % Quiero poder elegir entre las mejores

oportunidades disponibles cuando me titule

PROMEDIO EN LA OCDE 93 %

96 % Quiero sacar las notas más altas

PROMEDIO EN LA OCDE 83 %

FUENTE: Encuesta El bienestar de los estudiantes PISA 2017.

El hecho alentador de que estudiantes mexicanos rebasen las expectativas o respuestas del promedio de la OCDE parecería alentador porque dibuja a sujetos con altas miras en el desempeño en el aula, en la satisfacción de vida, a ser el mejor, aunque contrasta con el bajo porcentaje en cuanto a considerarse una persona ambiciosa. Aparece una coincidencia importante con el discurso del éxito personal y con el mantra que reza “ser el mejor, ser el mejor, ser el mejor”. Sin embargo, cosa distinta a repetir ideas en boga es contar con las condiciones para decirse realmente satisfecho de la vida o tener las posibilidades reales obtener las mejores notas o ser el mejor de la clase. Se requiere entonces comparar con el siguiente rubro:

ANSIEDAD POR LAS TAREAS ESCOLARES

RESULTADOS EN MÉXICO / PROMEDIO EN LA OCDE

65 % Me pongo nervioso cuando no sé

resolver un ejercicio en clase

PROMEDIO EN LA OCDE 52 %

50 % Me pongo tenso cuando estudio para un

examen

PROMEDIO EN LA OCDE 37 %

60% Incluso cuando estoy bien preparado

para un examen me pongo nervioso

PROMEDIO EN LA OCDE 55 %

79 % Me preocupa sacar malas notas en

clase

PROMEDIO EN LA OCDE 66 %

72 % Con frecuencia me preocupa que el

examen me resulte difícil

PROMEDIO EN LA OCDE 59 %

FUENTE: Encuesta El bienestar de los estudiantes PISA 2017.

En el cuadro queda de manifiesto que es alto el nivel de ansiedad con el que se perciben los exámenes y la posibilidad de no obtener buenas notas escolares. Salta la pregunta de que si acaso esta situación de inestabilidad emocional es la condición adecuada para lograr “ser el mejor de la clase”. Por supuesto, se puede argüir que se necesita cierto grado de tensión para asumir las tareas de manera comprometida y eficiente; sin embargo, aquí se está refiriendo que los estudiantes mexicanos superan los niveles de ansiedad del promedio de la OCDE o sea considerando los pobres resultados en la prueba PISA que colocan a México en los últimos lugares, es oportuno preguntar si no estaremos equivocados en la estrategia para motivar a nuestros alumnos en camino del “éxito”. De la misma manera, cabe la duda para determinar si provocar altos niveles de ansiedad en los maestros nos llevará a construir el sistema de calidad educativa que se tiene prometido, sobre todo a sabiendas del trato instrumental que se hace del docente de la llamada reforma educativa. Otro factor de la encuesta nos brinda mayor información acerca de lo que significa la escuela para los estudiantes:

SENTIDO DE PERTENENCIA AL CENTRO EDUCATIVO

RESULTADOS EN MÉXICO / PROMEDIO EN LA OCDE

25 % En la escuela me siento marginado

PROMEDIO EN LA OCDE 17 %

24 % En la escuela me siento incómodo y

fuera de lugar

PROMEDIO EN LA OCDE 19 %

21 % En la escuela me siento solo

PROMEDIO EN LA OCDE 15 %

FUENTE: Encuesta El bienestar de los estudiantes PISA 2017

Está bien querer ser el mejor y eso sin discutir su significado y consecuencias sociales, pero según el cuadro los estudiantes mexicanos en porcentaje superior al promedio OCDE se sienten marginados, incómodos y hasta solos en la escuela. Nuevamente la pregunta es si esa percepción es la buena compañía para lograr todo ese éxito que inculca la educación empresarial. El resultado de tanta aberración nos permite sospechar que los estudiantes están siendo acosados a dos fuegos: primero por un discurso del éxito que los vuelve ansiosos y angustiados por estar dentro del grupo selecto de triunfadores y por otro lado por las condiciones adversas en el clima social que envuelve a su vida en las aulas. La frustración es una real amenaza, la formación de ejércitos de seres acongojados por su “incompetencia” que no tendrán más remedio que ajustarse a las condiciones de vida paupérrima que pueda ofrecerles el sistema económico diseñado para la sobre explotación del trabajo. El diseño social no miente, se procura el éxito de pocos que vivan del fracaso de muchos. Las explicaciones sociodemográficas no faltarán, lo real es que la ansiedad se queda como factor de selección cuasinatural para la despreocupación de los que se benefician a corto y largo plazo.

La cuestión es revisar si cabe la resignación o el planteamiento de ser feliz en la escuela o sea vivir la experiencia educativa al margen de los jaloneos de una ansiedad inventada para formar a unos destruyendo a otros. Desde la Casa Giocosa que se propuso Vittorino de Feltre en la Edad Media para educar a los niños sin sufrimiento, con alegría, con ganas y condiciones de gozar la vida, hasta la escuela empresarial basada en el modelo del trabajo bajo esquemas de

eficientismo, han transcurrido múltiples experiencias y modelos educativos a cual más innovador y comprometido con el desarrollo de lo humano en las personas; sin embargo, dócilmente estamos aceptando el modelo más burdo que convierte a la educación en una mercancía y al sujeto en objeto de determinaciones “superiores”. Ahora más que nunca hace falta dar respuesta a la pregunta acerca de cuál es lugar de la alegría, la tranquilidad y la satisfacción en la escuela. Lo peor es acostumbrarse al malestar de los maestros y de los estudiantes buscando las razones en falsas incompetencias y en desempeños más encauzados al encuadre con la evaluación castigadora. Cómo se metió a la escuela al escenario de las competencias para ser competente en medio del desbalance global provocado por un sistema prediseñado para que ganen y pierdan siempre los mismos; tal vez ni nos dimos cuenta cómo pasó todo, lo cierto es que hoy en día la disyuntiva es adaptarse o resistirse.

Al no preguntarnos sobre el desarrollo de competencias para el servicio de quién y no importarnos sus consecuencias, nos fuimos envolviendo en un manto de falsas expectativas donde cada uno se ha considerado entre los más aptos y nunca se ha imaginado como uno de los marginados. La fe en la fuerza de voluntad y hasta en el azar, nos va sosteniendo mientras la ansiedad nos va minando, nos va reduciendo a la resignación. El proceso viene acelerando pero todavía no lo suficiente para que muchos se percaten que se viaja por un túnel que termina en embudo. Pasarán algunos, otros más se quedarán a medias y la mayoría permanecerá en la base del triángulo sosteniendo a los de arriba. Para eso queda bien apelar a la insolidaridad como táctica para competir; cumplir las metas propias sin detenerse en nadie ni nada, ayuda a pasar inconmovible frente a la necesidad y el dolor ajeno. La banalización es la mejor medicina para escaparse de la odiosa realidad cuando nos hunde y bendito sistema si nos permite pisar a los demás. La presión autoritaria permanecerá inalterable infundiéndonos toda clase de temores, mejor no voltear hacia allá; si se puede, hay que torear al sistema y engañarlo con inteligencia, lo único que importa es labrarse el bienestar propio. Ser solidario ya no está de moda, es de tontos servir a los demás sin cobrar la cuenta. Tal es el panorama del contexto general de los profesores y de los alumnos en la escuela. Laberinto de todos donde lo importante es encontrar la salida propia y salvarse el que pueda. En todo esto la búsqueda del Ser Docente puede esperar a que vengan vientos de resistencia y cambio o bien podemos ir borrando ese concepto del vocabulario para concentrarse en ideas de mayor provecho.

El malestar de los estudiantes de hecho los puede ir preparando para cuando tengan que vivir su propio malestar en el trabajo que les toque desempeñar; de cualquier forma la escuela es un gimnasio para el entrenamiento de los futuros gladiadores que les tendrán que ver con los avatares de la vida en todo su realismo. El modelo de competencias, -según la encuesta de referencia- ha introyectado altas exigencias y autoexigencias de apariencia noble y de desarrollo personal pero está llevando a la mayoría a la frustración y al desencanto consigo mismo. La depresión que sobreviene al echarse la culpa o atribuir a deficiencias propias la falta de éxito es un grave riesgo de desajuste de la personalidad de efectos lamentables. La sociedad y la escuela en general nos está ofreciendo los apoyos necesarios para procesar la frustración porque no atiende la desviación hacia no creer en nada y en nadie. Desconfianza y

aislamiento, divergencias intergeneracionales, mundos virtuales que se atraviesan al mundo real, son las condiciones adversas de una educación que por alentar las competencias al servicio de la economía está descuidando las virtudes humanas para la integridad del ser.

El discurso desarrollista y economicista se ha infiltrado en el proceso educativo. Nos estamos convirtiendo en fans insensatos del progreso material tecnologizado y en seres indiferentes al vacío moral o espiritual. La ansiedad se vuelve la droga que nos empuja sin consideración hacia la actividad frenética hasta llegar al sinsentido. De la diversidad de fines y proyectos hemos pasado a la uniformidad de planes, a las ideas estereotipadas de lo que es vivir bien y lo que son los valores preferibles en el siglo XXI. Sin preguntarnos, los actos de cada día, los dichos y los hechos nos van diciendo qué es lo todos creemos conveniente e inexorable. No hay mucho que discutir, ya casi todo está determinado y lo que nos quepa duda hay que buscarlo en google. La ansiedad viene provocada por la incongruencia imposible entre el discurso y las acciones reales. Es demasiado pedirle a la perversidad sistémica que haga coincidir sus promesas con los resultados concretos de sus acciones; es casi de inocentes imaginar un mundo en que cuadre el dicho con el hecho; por eso es fácil decir, al cabo que nadie dirá nada que no sea lo acostumbrado cuando fallan las expectativas promisorias. La ambigüedad se queda como estrategia de control y simulación. Hay un socavón a cada paso del transcurrir de los acontecimientos, un vacío que se asume ya natural. Es la ansiedad que mina a la escuela desde abajo, desde lo invisible. Se trata de un plan que por lo pronto va caminando por la credulidad de los que sueñan con ser únicos y triunfadores sin saber que las reglas se establecen para ser violadas.

La política confundida con el hacer de los llamados políticos es causa originaria de ansiedad y de descontento que no encuentran alivio. Un círculo vicioso de los que engañan a plena conciencia y de los que se dejan engañar, también muchas veces a plena conciencia. Las apariencias en el mutuo engaño se van quedando como método de sobrevivencia. Preferimos los eufemismos a las palabras precisas, el lenguaje se engalana para volverse socialmente presentable y cautivador; la cacería mediante discursos también hiere y mata, solamente que aquí la víctima se abraza del fusil que la acribilla. Es la ansiedad por ser el mejor, el triunfador, el merecedor de la vida que le fue concedida. Cosa distinta es la motivación que viene de una reflexión profunda, que se apega a un compromiso construido por sí mismo y que lleva a la actuación basado en principios claros y humanistas. Para caminar en una ruta que enfrente a la ansiedad, la controle y la centre es necesario atreverse a hablar con la verdad construida con base en evidencias y enfoques abiertos sobre el mundo y la vida. Recomponer la acción pasa por procesar las propias ansiedades superando la ingenuidad de asumir el mundo feliz que se nos está vendiendo.

De la inestabilidad emocional de profesores y alumnos es viable pasar al autocontrol y al rediseño de metas personales y de grupo. Darse cuenta, siempre el principio de las transformaciones es darse cuenta de lo que no es humanamente digno de ser aceptado. Acostumbrarse al malestar equivale a desactivarse como persona y a cosificarse para el

beneficio de cuanta fuerza conocida está al acecho. La clave contra la ansiedad puede ser no sentirse derrotado a pesar de que las condiciones nos gritan que estamos derrotados. Cuestión de enfoque pero no siempre gana todo el triunfador, ni pierde todo el fracasado. Asunto de entendimiento pero la gloria del vencedor nunca es completa porque sabe nada es definitivo y que cada día tendrá que defender su conquista; al menos esto sirva para no sentirse irremediablemente perdido, sobre todo a sabiendas de que las víctimas de la ansiedad no están solas.

 

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