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Estado Opinión

El “Chacuaco” del ingenio Emiliano Zapata, un símbolo

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Por *OLGA RAQUEL VALERIO TORRES / MASEUAL

A LOS CIUDADANOS DE ZACATEPEC A LA OPINIÓN PÚBLICA SOBRE EL CHACUACO, SIMBOLO QUE REPRESENTA AL PUEBLO DE ZACATEPEC

Zacatepec, Morelos, México, 7 de octubre de 2017.-  El propósito de estas líneas es hacer un análisis social, psicológico e histórico de la constitución del pueblo de Zacatepec como una colectividad con identidad y personalidad heredada de los frutos de la Revolución Mexicana. Revisaré para esto la importancia social y psicológica que tiene el Tótem como principio que da origen a una comunidad y la importancia de respetar, mantener y preservar la memoria histórica del mismo, ya que le imprime carácter y personalidad a un pueblo.

Fue el 5 de febrero de 1938 cuando el presidente de la República Mexicana general Lázaro Cárdenas del Río inauguró, en lo que fuera el casco de la antigua hacienda, las instalaciones del ingenio que él mismo había ordenado construir, con fines sociales, para mejorar las condiciones económicas de los ejidatarios y trabajadores de la fábrica. Dentro de este contexto nació la decisión de elevar a categoría de municipio a Zacatepec. De este modo, el 25 de diciembre de 1938, el gobernador del Estado, Elpidio Perdomo, promulgó el decreto Nº 17 por el que: “Art. 1º.- Se crea el municipio libre de Zacatepec, Morelos, que quedará formado con la extensión que comprende las ayudantías de Tetelpa, Galeana (la antigua hacienda de San Nicolás) y Zacatepec, siendo esta última la cabecera del citado municipio y conservando cada una de ellas la denominación y límites que actualmente tienen”.

Hablar de Zacatepec y del ingenio Emiliano Zapata es relatar el origen exactamente de la misma historia. Un colectivo se originó a partir de la creación de esta industria ligada a la siembra de la Tierra heredada por el general Emiliano Zapata. Le dio identidad y personalidad a un pueblo que creció rápidamente y se convirtió así, en el tercer poblado más importante del estado de Morelos después de Cuernavaca y Cuautla.

El terremoto del 19 de septiembre del 2017 fue devastador para la región sur del estado de Morelos. A las 13:14 horas, Zacatepec se sacudió con la fuerza de 7.1 grados en la escala Richter y con tal estremecimiento, vio derrumbarse el famoso “Chacuaco” del ingenio azucarero Emiliano Zapata. Junto con él, parte de la historia que dio origen al nacimiento de esta colectividad.

La empresa anuncia su demolición pues el deterioro ha sido inmenso. El sentimiento general de la población, sobre todo de la gente mayor, es de tristeza infinita: todos lo platican en las calles. En redes sociales se habla a raudales de la desaparición del símbolo representativo de Zacatepec. Evidentemente algo muy importante ha ocurrido, algo que no es circunstancial. No es como decir lo quitamos y ya, no es tan sencillo.

Es el símbolo representativo de nuestro origen como colectivo social y civilizado. Sigmund Freud en su libro “Tótem y Tabú” expone como el Tótem es el referente simbólico en torno al cual, la colectividad se congrega, se identifica. El Tótem da sentido de pertenencia, imprime carácter, personalidad como miembro del clan o de la tribu: nos hace ser. En tanto el Tótem nos representa, también nos protege. Al Tótem se le debe un respeto pues en su expresión más íntima, es el representante de la figura paterna y con ello, es posible la introyección de la Ley.

Todas las civilizaciones encuentran su origen en la creación de un Tótem y las más avanzadas los preservan al correr de los años pues dan cuenta de su historia y es honroso mantenerla viva.

Recordemos por ejemplo, los vestigios del Partenón griego que hoy se conservan y fueron construidos entre los años 447 a. C. y 432 a. C. en la Acrópolis de Atenas; recuerdo ahora la casa de Morelos en Morelia, Michoacán, donde se conservan varias de sus pertenencias y la memoria de su vida personal y familiar. La puerta de Alcalá en España.

Chacuaco IEZ2

 

Hasta del muro de Berlín se conservan vestigios para recordar esa historia y no repetirla. Nuestro Zacatepec puede ser más pequeño y más modesto y tal vez posee un origen más reciente, pero está fundado en los ideales del general Emiliano Zapata, en la concepción del ejido y de la tierra que es propiedad de aquel que la trabaja con sus manos… tal vez, es ese el Tabú que quebrantamos al edificar en un terreno que estaba destinado a la agricultura y ceder a los deseos malsanos de un sistema neoliberal, beligerante y pernicioso que no conoce el respeto por la tierra y el precio que fue pagado por ella. Propongo las siguientes interrogantes ¿Qué sería Chichen Itzá sin sus pirámides? ¿O Teotihuacán? ¿O el Templo Mayor descubierto a media construcción del metro en la Ciudad de México? ¿Xochicalco? Todos son vestigios que nos dicen en su arquitectura que ahí, hay una historia que desea ser multiplicada y repartida como herencia a las generaciones que deben saber de dónde vienen.

Un pueblo que no sabe de dónde viene ¿sabrá a dónde va? En torno al chacuaco, ahora herido de muerte, está la historia de mi familia que vino desde Puebla para trabajar en el comedor del Ingenio.

Mi abuela Guadalupe Escamilla dio de comer ahí a los primeros obreros, ahí crecieron mi padre y mis tíos. Gracias a esa cooperativa, se creó después un Instituto Tecnológico en el que pudieron estudiar los jóvenes que desearan hacerlo y Zacatepec creció y creció como una de las regiones más prosperas de Morelos.

Todos tenemos una historia particular alrededor de ese chacuaco que nos contaron nuestros abuelos o nuestros padres y que ahora repetimos a nuestros hijos. Esas historias personales, se tejen con las de mi familia y con las de las familias de mis vecinos y juntas, construyen el imaginario colectivo que le da razón de ser a Zacatepec.

¿Es justo acabar con el anciano que aún herido nos sigue mirando desde las alturas? ¿Nos quedó tan poco después del terremoto? Tal vez, la vida útil del chacuaco haya terminado, pero no estoy pensando en términos mercantilistas y utilitarios; pienso en la historia y en la pertenencia al Tótem, en la identidad y la personalidad de mi pueblo. Los invito a reflexionar en las premisas básicas que le dan rumbo a una civilización ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Y a dónde vamos? Mantener por lo menos, un vestigio honroso del chacuaco nos dará oportunidad de heredar a las siguientes generaciones la heroica historia de un pueblo que sabe luchar con sangre zapatista. Creo que hoy más que nunca, en medio de la devastación que nos dejó el terremoto, lo necesitamos. Que esta tragedia no se lleve también, la historia del origen de Zacatepec con vocación campesina y trabajadora. Creemos un museo, reunámonos para hablar en torno a nuestro origen, lloremos lo perdido y volvamos a construir el Zacatepec del que Zapata se sienta orgulloso. 

 

CATEDRÁTICA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MORELOS

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