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Opinión

Incuria pública

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Por EDILBERTO NAVA GARCÍA / MASEUAL

Chilpancingo, Guerrero, México, 29  de enero de 2018.-  Con semanas de haber iniciado la carrera por la presidencia de la República, proliferan ya dimes y diretes con ánimos de denostarse mutuamente los interesados por alcanzar el sitial casi real conocido como Los Pinos, contiguo a Chapultepec en la Ciudad de México.

Palabras van y vienen, evidenciando que ninguno está a la altura para la tarjeta de relevo presidencial. No hay quien muestre cordura y se ocupe cabalmente de lo que debe ser una campaña limpia, con el don de palabra que convenza con base en propuestas objetivas, tangibles, pues se ocupan diariamente de cuanto exponen sus similares y colegas en la misma pretensión, particularmente de los descalificativos, mostrando que tienen a flor de labio el palabrerío contestatario, quizá observando el dicho leguleyo que reza: quien calla otorga.

Ni López Obrador que se supone ya con experiencia respetable ha dejado carta sin respuesta en la liza electoral. Se ocupa puntualmente de cuanto hacen o dicen los competidores con riesgo de descuidar lo propio. Olvidan que en política el menor traspie puede traer consigo resultados desastrosos. Nadie toma en cuenta que están obligados como aspirantes a realizar una campaña efectiva, para lo cual basta conocer la radiografía de la nación y formular propuestas creíbles y convincentes para que la ciudadanía no se turbe, no se equivoque y se apreste a votar por el más capaz, honrado y sin ligas con los poderosos que por ambiciones desmedidas han hundido al país.

José Antonio Meade, es señalado de andar volando bajo y con la cobija a rastras en los menesteres de la campaña. Es probable, porque se carece de un campañímetro que muestre sin falla alguna el desarrollo de las campañas con avances, retrocesos o simples estancamientos. Meade tiene en su contra su propio apellido, tan extranjerizante que nos enchina el cuerpo al escuchar y saber que no se pronuncia como está escrito; no es apellido castizo, criollo; contrariamente, es ajeno a nuestra mexicanidad, pero si le suman los gasolinazos que han agraviado al país, o los programas electoreros como la cruzada contra el hambre, pues resulta lógico que mucha gente no mire con simpatía su aspiración. La política mexicana registra una anécdota dulzona y hermosa, surgida en Edomex cuando el candidato a la gubernatura fue el extinto profesor Carlos Hank González. Dice mi tío que los animadores desde el micrófono invitaban a la multitud a gritar ¡Viva Hank González! pero la respuesta era: ¡Viva Juan González! por lo que desde el sonido corregían: no digan Juan, es Hank, por lo que varias voces, abajo, expresaron: Va, por la torta que nos dieron quieren que hablemos inglés o francés o sepa la chingada. Fue ese otro tiempo y Hank González se alzó con la victoria.

Del aspirante de entre azul y buenas noches pese a ser claro de piel y en su habla, Anaya carece totalmente de autoridad moral para afirmar que en el país gobierna la corrupción. Opinan mis vecinos que le faltan yemas para decir que gobiernan los corruptos y que los nombre con apellido y todo. Señala la paja en el ojo ajeno y omite mencionar la viga que él lleva en ambas lámparas, como simula olvidar que los panistas echaron las campanas a vuelo cuando Salinas de Gortari hubo de hacerlos sus adláteres para acallar a multitudes cardenistas. Fueron panistas quienes desmantelaron la infraestructura estatal, pues tuvo alto precio su doblez ante el poder surgido de la caída del sistema electoral.

Desde luego que se coloca en notoria desventaja a quien ha dicho que no tiene militancia política. Tal aspirante no sabe cuánto vale, cuánto cuenta la militancia, la praxis política. La militancia aporta, imbuye el ideal político, las plataformas, los programas. La praxis permite que el militante se prepare, sepa de recursos y las formas más acertadas de gobernar. Y que nadie niegue que hay y ha habido moral pública; que se ha ido desmoronando, ha sido por culpa, por irresponsabilidad de gobernantes y gobernados, pues por ambas partes se ha llegado a la incuria pública al dejar hacer, dejar pasar.

Burócratas insensibles, por desgracia, han gobernado el país en los últimos cuarenta años. Uno de ellos dijo que defendería al peso cual perro, pero tuvo su colina. El otro aseguró una moralidad como valor básico de sociedad y gobierno, pero todo salió al revés. Tantos errores que Salinas de Gortari no pudo evitar ni la caída de su pelo y se obligó a quitarle tres ceros al billete de mil pesos. Toda una época fallida de México debido a que sus presidentes no tuvieron una efectiva militancia política; sin una previa elección popular ya que surgieron de la cúpula gobernante miope e insensible que no mira ni siente la situación lastimosa de los mexicanos.

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