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Columna Estado

TIEMPOS MODERNOS

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Por JAIME LUIS BRITO / MASEUAL

Día de la Bandera: México de cabeza

Cuernavaca, Morelos, México, 26 de febrero de 2017.-  El Día de la Bandera era una fecha muy importante para el país. Con la llegada del neoliberalismo, los días feriados pasaron a ser, oficialmente, para el consumo y la “reactivación” de la economía, como si el mercado interno dependiera de los puentes vacacionales. Los gobiernos de los últimos 40 años fueron trivializando la historia y convirtiendo a los villanos tradicionales en los nuevos héroes y referentes, en tanto bajaban de los pedestales a aquellos que consideramos los máximos caudillos del México forjado en la Revolución, la que fue derrotada por los burgueses nacionales que terminaron asesinando a los Zapatas, los Villas y otros tantos.

Me refiero hoy a lo ocurrido el sábado pasado, cuando Enrique Peña Nieto encabezó la última ceremonia a la Bandera Nacional antes de que el próximo 1º de diciembre entregue la Presidencia del México. La colocación del Lábaro Patrio con el escudo nacional de cabeza se prestó para la burla en las redes sociales y para la molestia de quienes conservan todavía un sentimiento nacionalista que lo mismo se enfadan por que se usen calzones tricolores que cantan fervorosamente el himno nacional en el inicio de los partidos de la selección mexicana.

La verdad es que la Bandera Nacional es, probablemente, el único símbolo patrio que continúa uniéndonos a la mayoría de los mexicanos, dentro y fuera del país. Ni el himno nos reúne. Hay propuestas para cambiar este cántico que tiene representado al país más de 150 años, pues se considera que es muy bélico. ¡Y claro que lo es! Se escribió en medio de varias invasiones de franceses y norteamericanos. Y cuenta, como si de una tragedia griega se tratara, la forma en la que “el cielo un soldado en cada hijo te dio”.

La bandera mientas tanto, sigue representándonos y seguramente identificándonos a la mayoría de los que nacimos en estas tierras. En todo caso, la celebración del Día de la Bandera de este 2018, el Lábaro Patrio fue colocado con el escudo de cabeza y eso provocó una catarata de reacciones. En todo caso, parece más bien una metáfora de lo que pasa con el país. Durante los últimos gobiernos, México se puso de cabeza. La pobreza creció en forma irracional. La desigualdad en el ingreso es abismal, pues mientras tenemos entre nosotros a los mexicanos que pueblan la lista de la revista Forbes cada año, como entre los hombres más ricos del mundo, tenemos también a millones de mexicanos que viven en la absoluta pobreza y están condenados a vivir en un país que no los reconoce como propios.

A la desigualdad se suman la corrupción de la mayoría de los integrantes de una clase política que han establecido otro abismo, el que los separa de sus gobernados. La política y la función pública ha dejado su esencia de servicio (que probablemente nunca la tuvo como tal en nuestro país) para convertirse en una chamba. El gobierno se ejerce ahora como patrimonio personal de quien o quienes ejercen el poder. Llegar a un cargo de elección popular o a una función pública implica de suyo la oportunidad de enriquecerse a costa de los recursos públicos. La corrupción es la divisa de la mayoría de los políticos profesionales. Sólo mire a su alrededor. Graco se convirtió en

el campeón de la corrupción de los gobiernos estatales, no lo digo yo, lo demuestran varios estudios.

A ello se suma la impunidad. La corrupción ha hecho que la clase política construya pactos de impunidad. Así que cualquiera puede hacer lo que se le pegue la gana sabiendo que no le pasará absolutamente nada. Un político hace mal, se denuncian los hechos, pero nadie actúa, porque este político sabe “algo” que puede poner en evidencia a quienes lo pueden investigar, creando así un círculo vicioso que termina por evitar que se actúe contra las corruptelas y crímenes de los gobiernos.

Particularmente los últimos dos gobiernos han teñido de sangre el suelo mexicano. Su estupidez ha convertido a este país en un infierno aún peor de lo que ya era en los 80 y 90. A la falta de una verdadera democracia, los gobiernos de la “alternancia” respondieron la democratización de la muerte. Hoy el crimen y el gobierno se confunden. Unos son delincuentes comunes y los otros organizados. Unos trabajan de civiles y otros uniformados. El pacto de impunidad deja pasar las corruptelas, pero también los crímenes de lesa humanidad, haciendo que la vida no valga nada.

Hoy se puede asesinar, desaparecer o hurtar sabiendo que no pasará nada. Por eso, la Bandera Nacional de cabeza es una buena imagen de lo que vive el país. Pero también puede ser a futuro, porque en el horizonte no se observa con claridad a alguien que puede colocar al país sobre los pies y caminando. La verdad es que las opciones menos malas se ven nebulosas y sin claridad, pues han ido sumando todo el cascajo posible. Mientras que las opciones tradicionales se ven tan desdibujadas que en realidad sí pueden ser peores a lo que vivimos hoy. O sea que no hay mucha esperanza de que esto cambie pronto.

Twitter: @Patrio74

www.facebook.com/JaimeLuisBritoV

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