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Estado Opinión

LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO ELECTORAL

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Por JOSÉ LUIS FIGUEROA GONZÁLEZ / MASEUAL

*  ¿Deberíamos adelantar el reloj electoral unos dos meses?

Jojutla, Morelos, México, 4 de abril de 2018.-  Como nos enseñó Albert Einstein, el tiempo se puede estirar o acortar según la velocidad CON la que viajemos por el universo; simplemente no es lo mismo un minuto sufriendo un terrible dolor corporal a otro minuto disfrutando un momento de amor. El primer minuto será muy largo y el segundo será muy corto para quien vive cualquiera de esas situaciones. Para muchos ya urgía que llegarán los procesos electorales y se les hacía largo el tiempo de espera; para otros casi daba lo mismo e incluso algunos habrán sentido que fue muy pronto cuando se vino este momento de campañas con discursos repetitivos, sainetes como debates y caravaneos de ocasión, promocionales insoportables, especulaciones de todo tipo para inducir miedo, ansiedad, filias y fobias. Hemos rebasado el primer mes de campañas y la saturación del ambiente dizque informativo ya alcanza niveles de verdadero aburrimiento y choteo. Pero como todo es relativo, no estoy diciendo que las campañas se acorten sino que se llenen de contenido. Pasarse tres meses alentando la zozobra de que si las encuestas ya nos dijeron los resultados que se esperan con la mayor probabilidad, combinando estas especulaciones estadísticas con todo tipo de ocurrencias para influir en el ánimo de los electores, promoviendo asoleadas en los mítines para escuchar -por lo general- discursos acartonados, dan ganas de que hoy ya sea 1 de julio de 2018. Envidiable prodigio de los que dicen poder viajar al futuro y regresar a contarnos lo que vieron por allá.

Es de llamar la atención el hecho de que en lugar de propuestas concretas y bien sustentadas para resolver la problemática social, la mayoría de los candidatos insisten en las zancadillas, en la simulación de bondad y de interés por el bien común, en preocuparse por la forma e insistir en descuidar el fondo de las cosas. Candidatos de criterio simplón siguen apostando a regalar pastelitos, pelotas y otras dádivas menores a los necesitados de siempre para ganarse su voto por vía del hambre que ellos se aprestan a fomentar para mantener su clientela política. Son los mismos que se presentan como salvadores de la humanidad que pretenden representar o gobernar, los que dicen harán realidad la defensa de los derechos sociales, los que obligarán a los gobiernos para que de una vez por todas rescaten a los damnificados de los sismos, los que garantizan que ellos solitos conseguirán terminar con la violencia, los que proveerán de empleo a todo mundo, en fin los que nos harán felices. Promesas vanas que hemos escuchado tantas veces y nos hace ilusión volver a creerlas otras tantas y las que vengan. Como niños que se perdieron en el parque hay quienes miran a todas partes para encontrar una mano de la cual agarrarse. La ansiedad nos va ganando y quisiéramos que ya se hiciera realidad lo que dicen las encuestas. Nos mordemos las uñas y no nos deja en paz la idea de un nuevo fraude, un magnicidio, trampas de cualquier tipo para se desvanezca la esperanza.

Tal vez el punto sea que estamos desenfocando y desvirtuando el proceso electoral. Mientras sean las emociones el elemento principal para alentar el voto por tal o cual candidato, a la vez que el medio para llegar al corazón de la gente, el entendimiento se desactiva y la falta de contenido en las discursos de muchos candidatos o los contenidos embosados pasan a

segundo término y nos quedamos con la impresión básica de lo que representará votar por una figura determinada. Este fue el problema que se manifestó en el debate de los candidatos presidenciales el pasado domingo 22 de abril. Predominó el ansia por bajarle puntos al candidato de indiscutible preferencia y las propuestas de los púgiles se lanzaron sin detenerse a su contrastación con la realidad y con sus respectivas contrapropuestas. El segundo debate debería regresarse a discutir si es con más policía y mayor tecnología como se podría controlar la violencia y la delincuencia organizada o si acaso el problema es de mayor fondo y algo tiene que ver lo que afirma quien ya sabes, cuándo se refiere a las causas originales como el desempleo, la extrema pobreza, las reformas estructurales de rapacidad, el abandono del bienestar social, etcétera. Se tiene que poner sobre la mesa la discusión de si es verdad que la continuación de la política económica es la salida de las reiteradas crisis o si algo se debe hacer respecto a la administración pública y al modelo económico. Que si el puntero tiene dos departamentos y se los entregó a sus hijos no puede ser más relevante que el tema de la corrupción y como iniciar un proceso serio y legal para acabar con este flagelo. Pretender la sorpresa con tonterías como la de cortar la mano a los corruptos no puede recibir más atención que discutir acerca de lo que se necesita hacer para mejorar el actual sistema educativo nacional tan dañado por lo que se quiere presentar como panacea, la dichosa reforma educativa. Hacerle caso a las poses y a los arrebatos de ambición de un tal Anaya no tiene que ser de mayor interés que la discusión acerca de los destinos que se le ha dado a los recursos naturales de este país. Ciertamente el puntero fue prudente pero tampoco se metió a fondo sobre los temas probablemente porque el nivel de los adversarios no dio ni para un round de sombra; el candidato de las preferencias mayoritarias cuidó mucho su primer lugar repitiendo los slogans a los que ya nos está acostumbrando. Mucho de razón hay en sus aforismos pero también falta mucha discusión.

Como se ve que las cosas no habrán de cambiar en el tiempo de campaña que resta, manifiesto el deseo de que podamos adelantar el reloj unos dos meses para que ya se acabe este relajo dado que estamos sobresaturados de tanta faramalla y hoy mismo la mayoría ha tomado una decisión para votar. Se podrá cambiar a algún presidente de partido, se jugará con la idea de la declinación y la echada de montón como acción desesperada, pero no se advierten posibilidades de voltear al revés el hartazgo de la sociedad mexicana con los cínicos y corruptos que hoy gobiernan y pretenden seguir en el poder a toda costa. De una u otra manera cada cual ya se dio a conocer más por sus hechos que por sus palabras y gracias a las redes sociales hoy disponemos de datos que perfilan muy bien a cada candidato. Cómo estará la situación que ya ni el llamado voto duro garantiza nada para los ganones de toda la vida porque las desbandadas están a la orden del día. Los que se creen más listos andan de camiseta guinda después de haber tirado a la basura las de otros colores; pero lo único que conseguirán es que el voto sea diferenciado y en lo estatal y local cuente más el personaje que el color con que participa. Por supuesto que en varias partes se prevé que la ola morena empuje de caballito a los advenedizos pero eso ya lo pagarán los propios electores incautos. Ya veremos cómo ataja MORENA las ambiciones de la derecha que se auto incrustaron.

Si se adelantara el reloj electoral nos perderíamos muchos desfiguros de los candidatos a diputados, senadores y presidentes municipales, pero ni falta que harían porque si a nivel federal las cosas que ocurren son de pena ajena a nivel local y estatal se ven valentonadas y acciones trogloditas como las de amenazar de muerte a los adversarios, prometer cuando menos “partidas de madre”, elevar la popularidad de candidatos que detiene la policía con espectacularidad y luego salen de la cárcel para ir derechito al triunfo electoral. De plano no nos merecemos un sistema electoral tan “imperfecto” porque siguen como protagonistas sujetos de lo más abyecto, gobernantes que no aguantan las ganas de intervenir para inclinar la balanza, candidatas que se sienten la mujer maravilla –literal-, candidatos disfrazados de personajes como súper héroes para llegar hasta el ridículo.

El proceso electoral como un circo donde gana el que más divierte y mejor reparte aun a sabiendas de que se cobrará después de forma multiplicada. Un problema de conciencia social desvirtuada, de una cauda de abandono en lo educativo y en lo cultural. Sin embargo, falsearíamos si no admitimos que ya no somos los mismos que en los mejores tiempos del priísmo sin rival enfrente. A fuerza de acceso amplio a la información de lo más variada aunque predomine la frivolidad, gracias a la múltiples oportunidades de comunicación con personas de todas partes del mundo y riesgo de ser espiados, ahora es posible y se ejerciendo el poder de hacer redes y centros digitales de información. Ser político y corrupto ya no es tan barato como antes, sea a base de memes, de artículos, de ocurrencias varias, de videos compartidos, la ridiculización es un fantasma que no los deja dormir.

Algo tenemos que hacer para desaburrirnos durante estos dos meses que nos faltan de campañas. Pensemos en la réplica a tanta barbaridad, compartamos nuestra abulia, aprendamos a reírnos de todo lo absurdo a la vez que proponemos cómo darle algo de seriedad a estas cosas. La estrategia de Penélope tal vez funcione si nos ponemos a destejer discursos, a tejer ideas, a armar y desarmar rompecabezas de candidatos, y si nos queda algo de tiempo a pergeñar líneas de texto o dibujos acerca de cómo nos merecemos vivir la vida que otros se empeñan en conducirnos. Todo eso mientras soñamos que mañana ya es 1 de julio de 2018.

 

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