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Estado Opinión

Seamos realistas acerca del Partido Demócrata

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POR DENNIS SANDERS | AGOSTO DE 2018 FREEDOM SOCIALIST

Cada ciclo electoral es un momento de gran ansiedad para los votantes de los EE. UU. y el actual probablemente esté causando pesadillas, especialmente para aquellos que detestan a Donald Trump y sus políticas xenófobas, misóginas y racistas.

Las encuestas de opinión y los bajos niveles de votación muestran de manera consistente lo que la mayoría de la gente piensa acerca de los partidos demócrata y republicano: no mucho. Para muchos que sí votan, se trata de aguantarse la respiración y elegir al candidato que uno considera un mal menor.

Sin embargo, esta práctica perpetúa un círculo vicioso, el cual garantiza que las personas trabajadoras y oprimidas nunca obtengan lo que necesitan. ¡Es hora de reevaluar seriamente esta estrategia!

Comencemos con algunas consideraciones objetivas sobre el trayecto de los demócratas en el gobierno. Y esto significa considerar no lo que dicen, sino lo que hacen.

War, Inc. Los demócratas han iniciado, facilitado o intensificado cada guerra importante y “acción policial” internacional en este siglo y el pasado.

Lyndon Johnson decía una frase favorable para la gente pobre y trabajadora: “La Gran Sociedad”. Mientras tanto, estaba ocupado intensificando la Guerra de Vietnam. En 1964, con los demócratas dominando la legislatura, el Congreso aprobó la resolución del Golfo de Tonkin y le otorgó al presidente un poder casi ilimitado para continuar la guerra.

Al final, tres millones de vietnamitas fueron asesinados, dos millones resultaron heridos y 55,000 soldados estadounidenses murieron, muchos de ellos de los grupos de personas de bajos ingresos y personas de color que Johnson había prometido ayudar.

Los dos Bush nos dieron las Guerras del Golfo, pero no podrían haberlo hecho sin los demócratas.

El senador liberal Tom Daschle fue co-autor de la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF, según siglas en inglés), la cual le otorgó autoridad al presidente para usar la fuerza contra quien él determine que “planeó, autorizó, se involucró o ayudó” en los ataques del 11 de septiembre de 2001.

La AUMF se está actualizando este año, y la versión bipartidista propuesta otorgaría a Donald Trump y sus sucesores poderes aún más amplios para atacar a grupos que Washington considera “terroristas”.

Durante el último año de la presidencia de Barack Obama, éste ordenó el lanzamiento de más de 26,000 bombas, muchas de ellas con drones, en siete países con población mayoritariamente musulmana. Mientras tanto, las fuerzas de operaciones especiales de EE. UU. estaban operando en 138 países, más que durante el gobierno de George W. Bush.

¿Por qué la agresión extranjera es bipartidista? Porque es muy rentable. La acción militar protege los intereses económicos de los EE. UU. en todo el mundo mientras que respalda la economía nacional, preocupaciones que son tan cruciales para los políticos demócratas como para los republicanos.

¿Oportunidad para todos? No exactamente. La trayectoria también es clara cuando se consideran los problemas sociales y laborales en el frente interno.

En inmigración, los demócratas parecen mejores que sus contrapartes, sin duda mejores que Trump, pero las políticas que llevan a cabo no son nada agradables.

Obama ganó el título de “Deportador en Jefe” pues deportó a más inmigrantes que ninguno de sus predecesores. Y fue muy embarazoso para los demócratas cuando se publicaron fotos de niños inmigrantes en jaulas durante las separaciones familiares que Trump ordenó esta primavera, las cuales resultaron ser de la época de Obama.

En febrero de este año, el drama de la madrugada anterior a la votación para financiar al gobierno incluyó un apasionado alegato de la líder de la minoría de la Cámara Nancy Pelosi para oponerse al proyecto de ley de gastos, porque no contenía disposiciones para jóvenes inmigrantes protegidos por DACA. No obstante, Pelosi instó calladamente a sus miembros a votar a favor del proyecto de ley y fue aprobado con un fuerte apoyo bipartidista.

¿Y qué hay del Partido Demócrata como el “amigo de la persona trabajadora”? Aquí hay un par de ejemplos de muchas, muchas traiciones contra la clase trabajadora.

Cuando Ronald Reagan despidió a los controladores de tráfico aéreo de PATCO en 1981, introduciendo un período de sabotaje sindical que aún está con nosotros, los demócratas no hicieron nada.

El candidato Obama prometió firmar un Acta de Libre Elección del Empleado (Employee Free Choice Act), lo que habría facilitado que los trabajadores se unieran a un sindicato. Después de asumir el cargo en enero de 2009 con mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso, los líderes del movimiento laboral pensaron que esta era la oportunidad de oro para su aprobación.

Pero los demócratas cedieron bajo la presión de las grandes empresas y la derecha, y el proyecto de ley desapareció.

El pueblo no puede confiar en los políticos demócratas que dicen que lo representan, punto. Desde la destrucción del sistema de bienestar social y la aceleración del encarcelamiento masivo bajo Bill Clinton hasta la orden ejecutiva de Obama que refuerza la prohibición del financiamiento federal del aborto con el fin de que se aprobara su plan de salud, su palabra no significa nada.

Dada su historia, quizás no se debería esperar más del Partido Demócrata, el cual comenzó en la década de 1800 como un partido de “derechos de los estados” que condenaba al “gran gobierno”. Así como los dos principales partidos representan a los bancos y corporaciones hoy día, los demócratas de tiempos anteriores representaban la economía del sur, dominada por los dueños de esclavos.

¡Terminemos con la estafa bipartidista! Una y otra vez, con el apoyo de líderes en los movimientos laboral y social, los demócratas se proclaman a sí mismos como la única opción para evitar los excesos republicanos. Pero este curso de acción supuestamente “pragmático” no está funcionando.

Hay que considerar lo que le ha sucedido en las últimas décadas a la libertad reproductiva, el derecho al voto, las libertades civiles, la brecha en la riqueza y los salarios, así como las perspectivas de paz.

Ambos partidos se han estado moviendo hacia la derecha desde la década de 1970, cuando el capitalismo comenzó a verse afectado por una recesión tras otra. Eso significaba que el liberalismo se convirtió en un lujo que el sistema no se podía permitir.

La campaña de Bernie Sanders llevó a algunos progresistas y socialistas emocionados a esperar que un ala izquierda real pudiera desarrollarse dentro del partido de Bill y Hillary Clinton y eventualmente asumir el control. Esas esperanzas se han reavivado ahora que Alexandria Ocasio-Cortez, miembro de los Socialistas Democráticos de América (DSA, por sus siglas en inglés), ganó una primaria del Partido Demócrata en Nueva York.

No obstante, la historia demuestra que esta estrategia también está condenada al fracaso, desde el intento de Michael Harrington en la década de 1960 hasta el de Jesse Jackson en la década de 1980. Un ejemplo reciente es el aplastamiento anti-democrático de la candidatura popular de Sanders por parte de la máquina demócrata.

El pueblo de EE. UU. merece algo mejor, pero solo lo obtendrá cuando diga basta y se organice para una verdadera alternativa: un partido laboral independiente de los partidos capitalistas, con un programa de clase obrera fuerte, democrático y responsable. La atracción se basaría en lo que representa, no en una estrella del momento como Sanders.

La necesidad de una voz política independiente para los trabajadores y los oprimidos es una de las ideas clave de la candidatura de Steve Hoffman para el Senado de EE. UU. por el estado de Washington, y las ideas son la base de su campaña. Hoffman, un líder del Partido de Libertad Socialista, se está presentando como un sindicalista militante y un orgulloso feminista revolucionario.

Entonces, en estas elecciones, ¡liberémonos del ciclo de abuso político! En cualquier campaña política que puedas, vota por los socialistas. No te conformes con una alternativa falsa: comienza a exigir una verdadera.

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