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Estado Opinión

Botánica ignita

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Por ALMA KARLA SANDOVAL / MASEUAL

 

Y como no paran de arder las hogueras, como los feminicidios son incesantes, recordamos una nota que se publicó en un medio de Chihuahua hace casi un mes:

 

Martes 7 de mayo. 

La Opción.

Chihuahua.

La mujer que el pasado miércoles por la mañana fue rociada de gasolina y luego le prendieron fuego, en las calles 19 y Ejido en el seccional de Anáhuac, murió cuando recibía atención médica en esta ciudad. 

Así lo informaron sus familiares, quienes agregaron que Fanny Lorena Amarillas Ruelas, está siendo ya velada en Funerales San José de dicho seccional. 

Cabe recordar que la mujer fue quemada por su expareja sentimental, Juventino Coello Solís, la detención de dicho sujeto ocurrió a la altura del kilómetro 87 de la carretera Cuauhtémoc- Chihuahua, ya dentro de los terrenos del municipio de Gran Morelos. La mujer había permanecido hospitalizada en esta capital desde que ocurrió el ataque en su contra, hasta el día de ayer, cuando lamentablemente dejó de existir.

 

Barcelona, España, 30 de mayo de 2019.-  Mariana Enríquez, autora de Las cosas que perdimos en el fuego, lo vio mejor que nadie: escribió un libro de relatos fantásticos, ahí donde el llamado “fenómeno imposible” por las académicas españolas, adquiere proporciones políticas mientras se narra cómo en Argentina las mujeres comienzan a ser quemadas por sus parejas. Es tanto el número, que ellas deciden, volitivamente, inventarse ceremonias en grupo para incinerarse. Crean sus propias hogueras y se desfiguran la piel. Se inmolan con quemaduras de segundo y tercer grado antes de que sus esposos las maten. En ese universo ficticio Silvina, la protagonista, no sabe si arrojarse a la hoguera, pone en duda ese terror que provoca más terror, más autolesiones asumidas.

Resuelta, pero sensible y con un humor negro que ya desearía cualquier latinoamericano, Mariana Enríquez habla en la sala 1-1 de la Universidad de Barcelona. Va de negro. Al salir, veremos que su abrigo es escandaloso, de Cruella de Vil. Enríquez estuvo charlando durante dos horas y describió al personaje que es: le fascinan la ouija, los fantasmas, los vampiros, los zombies, los ritos de paso. Inteligente, sabe construir cuentos cuya denuncia queda al filo de la ambigüedad de la ficción. En Argentina saben cómo. “Ese país donde hasta los malos escritores saben escribir”, comentaba Roberto Bolaño. Pregúntele al espíritu de Ricardo Piglia. Revisen a la reconocida y multipremiada Ana María Shua. Mariana, a los cuarenta y pico, dice estar atravesando por una crisis de la mediana edad. Se lo creemos, pero eso no le apaga el humor y con él, la inteligencia. Rompe la rampa del foro académico a lo Bajtin, riéndose del rey, diciendo que va desnudo, que nada es serio en literatura. Para ella, las palabras no son sólo palabras, pero de alguna manera puede con su peso y sigue con su vida. Avanza. Continúa, aunque una de sus protagonistas se pregunte: “Nos quemaron durante cuatro siglos, ¿cuándo van a parar las hogueras?”21

La chihuahuense que, en la realidad, no en el cuento de una mujer argentina editada en Anagrama, perdió la vida ayer a causa del incendio provocado por su cónyuge, bien podría ser como una de las “personajas” de Enríquez: “Una quemada hermosa, una verdadera flor de fuego”.

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