Log In

Columna

POR LA LIBRE 2269

Pin it

Por IGNACIO CORTÉS MORALES / MASEUAL

 

19- Sólo una cita más

 
Cuernavaca, Morelos, México, 5 de enero de 2020.- Tal y como lo predijo el escritor, C no llegó al segundo desayuno. El escritor ni siquiera se levantó temprano. Sabía que nada se movería, que lo predicho así quedaría, y la inasistencia le caló hondo a ella, quien albergaba un gran sentimiento de culpa, porque, aunque confiaba en la caballerosidad de él, si se sintiera despechado por su actitud, llamaría al director general y cancelaría el trato, dinero es lo que le sobraba para romper el trato, devolver el dinero y pagar daños y perjuicios, en caso de ser necesario, que con dar la obra a otra editorial recuperaría lo pagado y ganaría mucho más, porque, es cierto, había dejado bajas las ganancias para beneficiar a la señorita, su amor o su experimento o las dos cosas, su conquista consumada en cuanto él lo decidiera. La tenía a su merced.

Él no dio señales de vida, pareciera que su ausencia pasó de noche, que no tuvo repercusiones, tanto que seguía la vida el monótono andar, casi abrumador para ella que esperaba una reacción, un enojo, un reclamo, algo que le indicara que le importaba, pero nada, y eso le tenía inquieta, le pesaba, tanto que varias veces estuvo cerca de llamarle, pero se resistía, al tiempo que la relación con S la descuidó.

Con el pretexto de trabajos extras, le pidió unos días; él no quiso preguntar para no ser más herido de lo que estaba; era evidente que la labor sólo se tenía como un pretexto, que él no era importante, por lo menos no era la prioridad para ella.

No es que se resignara, en S había dignidad, y ese espacio tan propio, tan personal, se debe mantener porque es el que saca a flote al ser humano, por lo que aceptó esta situación y no hizo ningún cambio en su vida, la empresa siguió y él con ella, siempre puntual a la hora de las citas, de atender los asuntos, de estar al pie del cañón.

Jamás lo verían de rodillas, sin embargo, se alejó de cualquier asunto social, ningún desayuno, comida ni cena, del trabajo a su casa, y sin contestar ninguna llamada fuera de las horas de trabajo; el director de la empresa era quien resolvía las cosas en esos horarios; ni siquiera la noche en la que se le buscaba de Europa para decirle que aceptaban las condiciones para la expansión en el Viejo Continente, con lo que se crecería a la N potencia, quería contestar, en realidad sólo le dijo al director: Mañana. “Pero señor, urge. Por favor”. Dije que mañana. ¿Qué, no hablo en español?.

Se dirigió a su asistente que le había pasado el celular, poniéndose de pie, estrujando la hoja que escribía. Obedece, por favor; si te digo que no quiero contestar es no. Dame otro trago por favor. “Señor, si me permite, sólo un trago más, ¿le parece?”.

No dijo nada. Se acercó a su fiel sirviente. Le tomó del hombro y le soltó palabra a palabra: Sólo tú sabes la verdad, sólo tú sabes lo que estoy sufriendo, mi ínclito amigo. No lo digas, no quiero la compasión de nadie. Sabes, ya no traigas el trago. Mejor, agua mineral, un par de botellas, hielo y limón. Estoy escribiendo. No te apures, no me refugiaré en la bebida. Sería tonto. Alguien decía que escribía bien. Voy a hacerlo; ojalá y me acuerde.

  • Señor, lo admiro. Otro en su lugar estaría deshecho.
  • Lo estoy, amigo, lo estoy, pero no me emborracharé, ni gritaré; acaso me cortaré las venas, pero fuera de ello no hay nada de qué preocuparse. Dame lo que te pedí, y no me mires así. Fue sólo una broma. Claro que no me cortaré las venas; me alejaré de muchas cosas, pero nada más. Ya una vez, por C, me dejé caer en el alcohol, pero ahora no. Lo que me duele sé dónde está y ahí quedará; el dolor es mío y nadie tiene que enterarse. Tú porque lo adivinaste. Eres como mi Pepe Grillo. Ven, dame un abrazo. No sabes cómo agradezco tu solidaridad. Trae lo que te pedí y ya retírate a descansar, de lo contrario tu mujer te va a reñir fuerte.
  • Con su permiso señor. Voy por ello. Se lo traigo ahora y me iré a descansar. Usted también debería hacerlo. Ya son pasadas las 12 de la noche, señor S.
  • Bien. Sólo tenme un vaso grande con el mineral, los hielos y los limones y más hielo en otro vaso. Es todo. A mano no me salió ni una línea. Probaré en la computadora. A la mejor me sale el Quijote tercera parte o la Biblia sin tantos equívocos. Con que me salgan dos párrafos de lo que sea, será positivo. Anda.

    Al día siguiente, al llegar a la oficina, su asistente le recibió con la noticia de que C le había llamado para invitarlo a comer. ¿Por qué no lo hizo a mi celular, dijo él al tiempo que lo sacó. Pero si está apagado. Bueno. ¿Los pendientes están en mi escritorio?. “Sí señor. Le comunico con la señorita C, al momento”.

    No, voy a revisar los pendientes y le digo, señorita. “Perdón, señor, pero se notaba su urgencia”.

  • Comunícame a su casa. A esta hora ya debió salir C. Quiero hablar con su mamá, por favor. Sólo que la señora no responda, me comunicas con C.
  • Sí, señor, en un momento tendrá usted la comunicación.
  • Señora, ¿cómo se encuentra?. Qué gusto que esté bien. Me alegra.
  • Yo estoy bien, muchas gracias, pero parece que usted ya extravió el camino a ésta su casa. No lo hemos visto por acá. ¿Qué le hicimos para que ya no nos visite?. Véngase en cuanto su tiempo se lo permita. Tenemos que hablar mucho.
  • Seguro, señora; por ahí estaré esta noche, si me lo permite. No le prometo ir en este momento porque tengo muchos pendientes, pero sí en la nochecita.
  • Lo estaré esperando.

    “Lo estaré esperando”, reiteró S; no me dijo “los estaré esperando”, eso quiere decir que no relaciona a C conmigo. ¿Qué sabrá la señora que yo no sepa?. Ante esto, ante el recuerdo de su amada, él volvió a caerse en la soledad de su oficina. Por más que lo intentó, no pudo evitar el silencioso llanto, la ansiedad. Se echó para atrás, recargado en el sillón, se quitó los lentes y dejó que el llanto siguiera. La tenía en la memoria desde el primer encuentro, hasta cuando lo aceptó, en aquel lugar el cual volvió a visitar hace unos días, sólo, en la mesa en la cual estuvieron, y luego caminó, como lo hizo en aquel momento.

    ¡Qué pena que todo se haya acabado!, que de aquello no quedara más que la apariencia, la ausencia de ella, su desamor, y el de él, intacto; era de él, no lo iba a compartir ni iba a llorar ante nadie. Si ya hacerlo en la oficina se lo había prohibido, pero esa mañana no se aguantó.

    Dejó sonar su celular, y tampoco atendió el llamado de su asistente, quien pensó que estaba metido en sus pendientes o contestando otro llamado, pero después de 15 minutos, tocaron a la puerta.

    Déme cinco minutos, señorita, por favor, le pidió él por el interfón. “Con gusto señor. ¿Quiere que le lleve un café?, ¿necesita otra cosa, señor?”. No, sólo déme cinco minutos, por favor. Se incorporó, secó las lágrimas con un pañuelo, volvió a ponerse los lentes; respiró profundo dos o tres veces, y cuando consideró que estaba en condiciones le pidió a la asistente que pasara.

  • ¿Está bien, señor?.
  • Sí, ¿por qué no iba a estarlo?. ¿Qué se ofrecía con tanta urgencia?.
  • Le habló la señorita C. Que lo intentó dos veces por su celular también. ¿Se la comunico, señor?.
  • Yo le digo, señorita. Que esto vaya al departamento de contabilidad, que lo analice y que me dé el balance, si se debe o se gana, por favor. Y dígale al director que la instrucción es precisa. Si yo digo que no se me moleste fuera de las horas de trabajo, no está a discusión. Es no. Si hay algo que resolver para eso está, y si urge mi presencia, mi opinión o firma, que lo retarde. Mientras que me pase una tarjeta informativa sobre el asunto.
  • De hecho quería hablar con usted
  • Pero yo no. Que me mande la tarjeta. La valoro y ya veremos.
  • Señor, si me permite…
  • Espero la tarjeta. Gracias. Cuando la tenga me la pasa, por favor. Es todo.
  • Sí señor, como usted disponga.

    Ya ni siquiera le preguntó por la comunicación con C. Salió inmediatamente.

  • Comuníqueme con C, por favor.
  • Sí, señor, con gusto.

    S no quiso llamar a C directo de su celular, pidió que lo hicieran de la oficina, con intermediarios. Quería patentizar que algo estaba sucediendo y que él lo sabía y lo entendía, que no iba a romper lanzas, pero que no estaban las cosas a partir un piñón.

    Para desgracia o fortuna de S, C dejó el celular en su oficina y ahí su secretaria le dijo que fue a la dirección general pero que no tardaría, que en cuanto llegara, se establecería la comunicación, lo que se le pasó a S.

    Media hora más tarde, la asistente de S lo volvió a intentar y la respuesta fue la misma, y 30 minutos después, nuevamente lo mismo.

  • Ya déjelo señorita. Deje el recado de que cuando llegue se comunique C con nosotros.
  • Sí, señor. Daré espacio de media hora.
  • Bien, bien, al fin aquí usted hace lo que quiere.

    S lo dijo en broma, y así lo tomó la asistente, quien sabía perfectamente diferenciar los tonos de su jefe, igual que sus gestos, sus pausas, y no dejaba de lamentar lo que estaba pasando, y se decía que no era justo lo que hacía C con el señor, “él tan bueno y nada alejado de la mano de Dios, y con una empresa en ascenso. Ella está mal”, y lo repetía muchas veces, no para convencerse, estaba convencida, y es que la peor opinión hacia una mujer, siempre viene de otra mujer. Ellas son lapidarias con lo que hacen otras.

    - Que, por favor, cuando llegue la señorita C, que se comunique con el señor S.

    - Sí señorita, así se lo haré saber. Muchas gracias.

    Cuando C regresó de la reunión, venía contenta. El director le comunicó los avances de la edición de la obra del Escritor y del libro de los jóvenes cuentistas, y que de la primera obra, se tenían decenas de solicitudes de librerías que querían las obras completas del maestro, seguro premio Nobel en uno o dos años, y que se había puesto como condición que también compraran el trabajo de los noveles escritores, y todo se aceptó, así que en uno o dos meses y las obras estarán en el mercado.

    Éxito total. La inversión estará pagada con la segunda edición de la obra del Escritor, de tal suerte que las siguientes, serán de ganancias para la editorial, con ganancias tan boyantes que tendría dinero de sobra hasta que se encontrara un nuevo hit, y para C, el futuro le sonreía. El dinero no sería problema para ella de ahí en adelante, así que la casa y el coche nuevos, se tendrían pronto.

    “Mi mamá estará feliz, le podré comprar su casa con un gran jardín, como siempre la quiso, y yo me podré comprar coche nuevo. No cabe duda, en mi vida profesional, las cosas me están saliendo bien, pero en lo personal no está bien. S ni siquiera me contesta y el Escritor no ha hecho nada para comunicarse conmigo. Lo haré yo, por encargo de la editorial, para que sepa cuándo saldrá la obra al mercado”.

  • Señorita le hablaron varias veces de la oficina del señor S y que cuando llegara se comunicara.
  • Lo haré después, antes tengo que hacer una llamada. No me interrumpa, por favor, así se caiga el mundo, ¿de acuerdo?.

    Ella hizo la llamada, y del otro lado de la línea, el Escritor se encontraba con su ayudante y le dijo: “¿Ya ves?. Ya llamó. Contéstale, dile que estoy ocupado, que me llame en una hora o dos.

  • ¿Señor?. Buenas tardes
  • A sus órdenes
  • ¿Es usted el escritor?
  • No, señorita soy su asistente, en qué le puedo servir?.
  • Me urge hablar con él
  • Está ocupado señorita.
  • Señor, le habla la señorita C.
  • Estoy ocupado, ¿qué no ves?. Que llama en una o dos horas. Cuelga y llévame a la biblioteca jamón, quesos, vino.
  • Señorita, el señor está ocupado. Ojalá y le pueda llamar en una o dos horas, por favor.
  • Pero, señor, de verdad me urge.
  • Señorita, no insista, el señor está ocupado y ésa fue la instrucción que dejó, y ahora perdóneme, que debo cumplir órdenes.

    C ya no insistió, y llamaría en una hora, no quiere arriesgarse a llamar en dos horas y diga que lo haga otro día.

    Desde luego que al llamar en una hora le dijeron que lo hiciera en hora y media, que el señor seguía ocupado.

    Al cumplirse el paso, llamó C y encontró al escritor, quien le dijo, sin más que la esperaba mañana para desayunar en su casa, “Sí, en lo que será nuestro último en su tipo”.

  • Pero, apenas sería el tercero, faltaría el cuarto.
  • Si lo quiere programar en cinco o seis años, adelante. Voy a Europa, África y Australia, a conocer los movimientos literarios, conocer personas, tendencias.
  • Iré con gusto

    Ya se va, y al tiempo que se sintió aliviada, sabía que si algo estaba buscando, tendría su última oportunidad y tendría que hacer todo porque después no lo vería en cinco o seis años.

    Ella estaba atrapada, por lo que hiciera, ya no tiene margen. Si de verdad lo quiere, tendrá que hacer un gran esfuerzo para conquistarlo. No tendría otra. ¿Y S?.

    Entérese con Nacho Cortés, de lunes a viernes, a las 18 horas, por el 105.3 de su radio.

MASEUAL es un sitio de información periodística en internet, con más de 15 años de experiencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Log In or Create an account