30 noviembre, 2025

PERIODISMO INDEPENDIENTE EN MORELOS

MAQUIAVELO EN EL SIGLO XXI

Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL
Cuernavaca, Morelos, México, 30 de julio de 2025.- “El Príncipe”, fue escrito en 1513 y de origen, es un tratado político sobre el poder crudo, donde la verdad es un lujo y la apariencia lo es todo; pero, en nuestra era de redes sociales, titulares efímeros y políticos sofistas, Nicolás Maquiavelo, habría encontrado un terreno fértil para actualizar su obra y quizá la hubiera titulado: “Cómo mentir y hacer que te aplaudan” y este moderno tratado maquiavélico, en su contenido, probablemente hubiera sido así:

Capítulo I: La verdad es opcional, la percepción es obligatoria.
En El Príncipe, Maquiavelo sentencia que “los hombres juzgan más por los ojos que por las manos, pues todos pueden ver, pero pocos palpar”. En “Cómo mentir”, esto se traduciría en un mandamiento: nunca dejes que la realidad estropee una buena narrativa. La verdad es un estorbo; lo que importa es lo que la gente cree.
¿Quieres que te vean como un líder compasivo? Publica una foto o un video, llorando por una causa noble y que sea en un escenario con filtros y efecto de luces.
Maquiavelo, en este siglo XXI, citaría el caso de políticos que juran “trabajar por el pueblo” mientras sus cuentas de banco engordan y se mueven en la opulencia. El truco está en el espectáculo: un discurso emotivo, un hashtag viral, ¡y listo!, tienes a las masas aplaudiendo.
Ejemplo histórico: en el siglo XVI, los Medici manipulaban la opinión pública con festivales fastuosos mientras consolidaban su poder. Hoy, basta con un mensaje en “X” bien redactado.

Capítulo II: Promete el cielo, entrega excusas.
Maquiavelo aconsejaba en El Príncipe: “Un príncipe, pues, no debe preocuparse de la infamia de ser considerado cruel, si con ello mantiene a sus súbditos unidos y leales…”, o sea, la frase traducida al siglo XXI, sería algo así: prometer lo que sea necesario para ganar lealtad, aunque cumplir sea opcional.
En “Cómo mentir”, esto se refinaría aún más: promete utopías imposibles y, cuando falles, culpa a otros.
Brexit es el ejemplo perfecto. En 2016, los líderes de la campaña “Leave” prometieron soberanía, prosperidad y control, pero cuando los puertos colapsaron y los precios subieron, la culpa fue de la Unión Europea, los inmigrantes o la luna llena. Maquiavelo lo definiría como regla de Oro: nunca admitas un error, redirige el dedo acusador.
En el siglo XXI, las redes sociales amplifican esta táctica. Un político puede prometer “cero emisiones” en una cumbre climática, volar en jet privado y luego culpar a “la economía global” por el fracaso. El público, distraído con el próximo escándalo, olvidará pronto.

Capítulo III: La virtud es una fachada, el vicio es negociable.
En El Príncipe, Maquiavelo explica que un gobernante debe parecer virtuoso —piadoso, justo, generoso— sin necesidad de serlo. En “Cómo mentir”, esto se convertiría en un arte: construye una marca personal impecable, pero vive como quieras.
Los influencers modernos son maestros en esto: predican autenticidad mientras editan sus vidas hasta la irrealidad. Maquiavelo citaría como ejemplo histórico a los predicadores renacentistas que condenaban el pecado desde púlpitos dorados mientras acumulaban riquezas.
Hoy, un CEO puede jurar sostenibilidad mientras su empresa contamina ríos, siempre que done a una ONG y publique un comunicado con la palabra “compromiso”, la clave es la hipocresía selectiva. O sea: muestra virtud en público, negocia tus vicios en privado.

Capítulo IV: Divide y distrae.
Maquiavelo sabía que un pueblo dividido es más fácil de controlar. En El Príncipe, sugería fomentar rivalidades para debilitar oposiciones. En “Cómo mentir”, esto sería una ciencia: polariza a las masas y déjalas pelear mientras tú maniobras.
Las redes sociales son el campo de batalla ideal. Un político puede lanzar un comentario incendiario sobre inmigración, género o vacunas, y mientras los usuarios se destrozan en los comentarios, él aprueba leyes impopulares en la sombra. Maquiavelo citaría las elecciones de 2020 en EE.UU., donde la polarización distrajo a muchos de los verdaderos juegos de poder. La lección: si el pueblo está ocupado odiándose, difícilmente notará tus mentiras.

Capítulo V: El arte de la disculpa falsa.
En El Príncipe, Maquiavelo no se detenía mucho en las disculpas, pero en “Cómo mentir” serían un capítulo clave. Una disculpa bien ejecutada es mejor que la verdad.
La fórmula es simple: expresa “profundo pesar”, usa frases vagas como “si alguien se sintió ofendido” y promete “aprender” sin cambiar nada.
Ejemplo: las empresas que, tras un escándalo laboral, publican un comunicado de “lamentamos profundamente” mientras siguen con las mismas prácticas.
Maquiavelo admiraría la destreza de los políticos modernos que, pillados en un escándalo, lloran en cámara y luego vuelven al negocio como si nada. Más claro: La disculpa no es para corregir, es para ganar tiempo.

Capítulo VI: La mentira debe ser audaz.
Finalmente, Maquiavelo insistiría en que las mentiras tímidas no sirven. En El Príncipe, aconsejaba actuar con audacia para impresionar. En “Cómo mentir”, esto significaría que: si vas a mentir, hazlo a lo grande.
Promete curar el cáncer, colonizar Marte o “hacer América grande otra vez”. La audacia deslumbra, y pocos cuestionan los detalles.
En el Renacimiento, los príncipes prometían la salvación eterna para justificar guerras; hoy, los líderes prometen prosperidad instantánea para ganar elecciones. Traducción: la mentira audaz no solo convence, sino que genera aplausos.
Desde luego, -faltan más capítulos-, pero si Nicolás Maquiavelo, ese astuto florentino del Renacimiento, hubiera escrito este magnífico compendio imaginario: “Cómo mentir y hacer que te aplaudan”, sería muy seguro que, desde los salones de Florencia, Italia, hasta los hilos globales de X, la humanidad estaría perfeccionando aún más el arte de decir una cosa, hacer la contraria y salir a hombros como héroe.
En síntesis, habría sido un Best seller y un libro de cabecera, para los aspirantes a manipuladores modernos por estar lleno de estrategias para: engañar con estilo, obtener aplausos y salir impune.

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