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Columna

TIEMPOS MODERNOS

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Por JAIME LUIS BRITO / MASEUAL

* Elecciones: el problema del financiamiento

Cuernavaca, Morelos, México, 12 de marzo de 2017.-  Por décadas, los mexicanos y mexicanas luchamos para controlar el financiamiento público a las campañas electorales. Nuestra lucha estuvo llena de denuncias de la utilización de los fondos públicos para comprar conciencias, votos y voluntades. Sea en especie o en efectivo, miles de millones de pesos de nuestros impuestos se destinaron a inclinar la balanza. Al final, esa lucha ha logrado un increíble entramado institucional para intentar controlar esa utilización criminal de recursos públicos.

El problema es que se malentendió la lucha. O por lo menos, el objetivo que perseguía. Porque ahora, con todo ese entramado institucional, existen varios tipos de financiamiento a las campañas electorales, a saber: el que establece la ley a partir de las prerrogativas que destina el Congreso federal en el presupuesto anual, el doble cuando es año electoral, y que el Instituto Nacional Electoral (INE) distribuye conforme a la fórmula que marca la ley.

Otro financiamiento es el que se puede lograr con patrocinadores legales, como empresarios de diversos ramos, particularmente quienes se dedican a la construcción de la obra pública, a temas de seguridad pública, entre otros, que financian campañas, porque tienen el poder económico para hacerlo. Lo hacen sin pedir nada. Pero en cuanto el candidato llega al poder, los empresarios comienzan a cobrar no sólo lo que invirtieron, sino jugosas ganancias al conseguir contratos de construcción o dotación de insumos. Eso está detrás, por ejemplo, del Paso Exprés y otras obras públicas bien conocidas, por sus fallas o sus altos costos, en este y los anteriores sexenios.

Está también aquél que proviene, de forma ilícita, de los gobiernos y que se entrega de manera subrepticia, clandestina, que también proviene de los recursos públicos y que se desvía (lo que es un delito) para apoyar tal o cual campaña, tal o cual candidato; que se transforma, se blanquea a través de empresas y termina en las calles como generador de carruseles electorales, es decir, el acarreo descarado de votantes ya instruidos de cómo ejercer el derecho del voto.

Finalmente, quizás el más “nuevo”, porque se practicaba siempre, pero ahora es totalmente descarado y abierto, el financiamiento que proviene, directamente de los recursos del crimen organizado, sea del narcotráfico, quizás de ahí proviene la mayor parte de este tipo de financiamiento, pero también de otros rubros como el secuestro, la extorsión, entre otros. Este financiamiento otorga un poder político formal a los grupos delincuenciales y convierte en rehenes, o al menos en cómplices, a los poderes formales.

Así, un candidato X logra obtener una candidatura Y en el próximo proceso electoral, tiene como tope electoral (esa expresión que significa lo más que puedes gastar en la campaña, aunque todo el mundo lo viole por debajo de la mesa o al menos, aspire a hacerlo) es de 15 millones de pesos. Sin embargo, el partido Z tiene asignadas tales prerrogativas este año, que sólo puede darle a X 5 millones de pesos para la campaña Y.

¿De dónde sacará X los otros 10 millones, al menos, para poder competir en igualdad de circunstancias para poder competir en la elección en la que participan los candidatos A, B y C, que, se sabe o se observa, que ya han gastado más del tope, sólo en las precampañas? Fácil, acudir a los otros financiamientos, pervirtiendo así las relaciones entre gobierno y ciudadanía. Al final, los candidatos, sea cual sea su signo, no responden a los votos ciudadanos, sino a quienes los patrocinaron, sean estos empresarios con negocios lícitos, grupos delincuenciales o gobiernos corruptos.

El problema no es el entramado institucional que nació para auditar los financiamientos a las campañas. El problema está en el sistema electoral que no sólo incluye al INE, sino que incluye a los medios de comunicación, a los poderes fácticos (como diría el clásico), que imponen un sistema de competencia en el que gana, no el que tiene la propuesta o el plan de gobierno, gana quien tiene más dinero que pueda “invertir” en la campaña, para poder sacarle jugosas ganancias al llegar al poder, aún a costa de la vida de miles de ciudadanos.

Twitter: @Patrio74

www.facebook.com/JaimeLuisBritoV

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