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Estado Opinión

PRI: LA PUNTILLA

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Por EDILBERTO NAVA GARCÍA / MASEUAL

Chilpancingo, Guerrero, México, 8 de mayo de 2018.-  El arribo del ex gobernador René Juárez Cisneros a la dirigencia nacional del PRI no resuelve la debacle de la campaña presidencial, no mejora el ánimo de los guerrerenses ni es garantía de algo bueno por muy paisano nuestro que sea. Y que conste, se puede no estar fielmente informado, pero  se sabe muy bien que los antecedentes personales,  o mejoran las soluciones o bien hunden  todas las posibilidades de éxito.

¿Malos augurios para el priismo nacional? Quizá, y no son nuevos. René Juárez, en su juventud fue inquieto, muy vivo, muy a lo suyo. Siempre con metas por delante. No, no  le anteceden personajes del ambiente político. No es heredero de alguien de alcurnia en política local guerrerense, salvo esa formación segundona y burocrática del equilibrado régimen de Cervantes Delgado. Descolló con José Francisco Ruiz Massieu, como descollaron otros verdaderamente inútiles e incapaces, pero de la simpatía de aquel gobernante no exento de yerros.

René Juárez es conocido por habilidoso y la moralidad no es su fuerte, mucho menos la honradez. Su gobierno en Guerrero pudo ser mejor, pero al igual que su antecesor, sufrió merma electoral cuantiosa porque Félix Salgado Macedonio, candidato perredista, tuvo siempre elementos indiscutibles para su campaña contestataria. Esos elementos  –ya por desfalcos y despropósitos gubernamentales, los aportó casi siempre el poder ejecutivo local. No hizo, pues, el mejor ejercicio del poder y debido a toda una serie de acciones descabelladas de Juárez Cisneros en el gobierno, motivó y sustanció con elementos de peso, que Zeferino Torreblanca lograse derrotar al priismo. René Juárez hubo de entregar las riendas del gobierno guerrerense al opositor que se alzó con la victoria electoral.

¿Augurio nefasto su arribo al PRI nacional? La esfera de cristal no está a la mano. Habrán de remitirse a los antecedentes personales del ahora dirigente nacional. Juárez Cisneros pudo controlar mediante el poder económico las consecuencias de los abusos de su vástago en Querétaro. Fue otro tiempo, de cuando gobernaba Guerrero con notorio guarurismo. Ahora no se sabe, pero lo que sí cuenta, es que René Juárez en este sexenio, se instaló en el  senado por primera minoría, no de mayoría relativa en Guerrero. Es decir. En las urnas fue derrotado precisamente por esos antecedentes que no elevan, sino que hunden.

Su arribo al PRI nacional, -y que conste, la burra no era arisca-, puede ser  asunto de estrategia surgida desde los pinoles, pues bien se sabe que quien tiene más saliva come más pinole. He ahí el antecedente. René Juárez sabe cómo se logra una transición aterciopelada del poder; todo debidamente negociado para que quien entrega el mando,  se retire, se vaya como si nada. Un cambio en la institucionalidad más pura como lo hizo en Guerrero al entregar el poder. Lo entregó a la oposición al PRI.

En política las lecturas suelen ser en sentido contrario. Recordar por ejemplo al ahora gobernante priista preso de Veracruz. Se le preguntó en noticiero televisivo: ¿Va usted a renunciar? Respondió: No, de ninguna manera. Tres horas más tarde el congreso veracruzano daba cuenta de lo contrario. Y tras bambalinas, con helicóptero y todo, una fuga casi maestra del gobernante jarocho. Así que el nuevo dirigente nacional priista puede equivaler a la puntilla, una anticipación a un malogrado José Antonio Meade casi en la cúspide piramidal del poder en México.

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