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Estado Opinión

Educación superior

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Por EDILBERTO NAVA GARCÍA / MASEUAL

Chilpancingo, Guerrero, México, 14 de septiembre de 2021.-  La demanda de espacios educativos de la juventud es cada vez mayor en nuestro país. Las universidades en su gobierno interior acuerdan poner a disposición un determinado número de fichas para que los aspirantes las adquieran mediante requisitos señalados previamente. Empero, las universidades son señaladas con índice acusatorio de aprovechar la demanda estudiantil en el que las fichas constituyen un negocio que, en el fondo eso es: aprovechar la necesidad real de estudiar poniendo en vigor la ley de la oferta y la demanda.
Normalmente las familias se obligan a pagar al menos dos fichas con el afán de que el hijo o la hija aspirante logre dos oportunidades para continuar su educación superior. Hay pues una inversión; un desembolso, incluso, imprevisto. Hay familias que pagan tres fichas y ninguna está en menos de quinientos pesos.
Poco importa si las instituciones de educación superior están en crisis. Por ejemplo, la Universidad Autónoma de Guerrero ha crecido enormemente ya pesar de que las carreras que ofrece se dicen certificadas, en realidad sus egresados ​​tienen rotos los vínculos con la sociedad a la que van a utilizar, como si la universidad no estuviese enfocada al sentido social y hacia la formación del ser humano. En el más de los casos, las universidades aportan quizá el acopio del saber, pero en la enseñanza se carece de fondo formativo.
Aún quedan viejos vicios como la educación verbalista en las aulas, bibliotecas vacías, debido al internet y la lentitud o pesadez burocrática, así como vacíos entre la masa estudiantil y los investigadores que cobran tiempo completo pero no frente a grupo. El grueso de los estudiantes en la UAG es plural, más, teniendo como antecedente aquel proyecto de hace cincuenta años de universidad-pueblo. Empero, las condiciones de ahora son distintas. En aquellos tiempos el ingreso a la UAG casi no costaba, si la institución requería de masas juveniles para enfrentar los embates del gobierno o su negativa a la entrega del subsidio. Ahora se ha volteado la tortilla. Muchos pagan el costo de fichas, cuando saben los directivos universitarios que concederán acceso a las aulas menos de la mitad de las fichas que ponen en venta.
En las normales rurales con internado se ha dado a lo largo de las últimas décadas algo inexplicable. En ellas las autoridades educativas nada tienen que ver con el nuevo ingreso de los alumnos, sino una especie de camarilla o mafia es la que decide las condiciones de ingreso. Por ejemplo en las normales para mujeres, los llamados comités de lucha publicitaron las respectivas convocatorias. A la hora de entregar las fichas, pidieron a las aspirantes oa sus familias, que llevasen despensas y utensilios tanto para el trabajo como para el aseo interno de los planteles, desde jabones, escobas, machetes, rastrillos, picos, palas, o alimentos desde granos como arroz, frijol, café pastas para sopa. Fue de rigor para sustentar el examen. Los resultados de la prueba no la dan a conocer las autoridades de las normales, sino ese comité de lucha.
Con la pandemia que sufrimos, la educación de la juventud es deficiente por no decir magra. Al respecto, la gente pensante y los medios de comunicación poco o nada dicen para orientar no sólo a la sociedad, a los estudiantes, a los aspirantes, sino especialmente a las autoridades educativas para que reasuman su responsabilidad, pues no se trata sólo de lograr el cargo y cobrar, sino de trabajar, resolver problemas y corregir entuertos.

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