Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL
Cuernavaca, Morelos, México, 20 de enero de 2026.- A la mayoría de las personas de a pie, nos ha tomado por sorpresa, incluso me consta que en las altas esferas la percepción es semejante y en otras comunidades, algunos ciudadanos no captan el tema aún y para otros más, lo que ocurre no les interesa, pero es que pareciera, solamente pareciera -y ojalá que me equivoque- pero pareciera que en la historia política del mundo actual, de alguna manera, se perfila una repetición del dominio y poder de hace siglos, pero en diferentes latitudes y épocas; -y hoy, contemporáneamente -pareciera, solamente pareciera- se manifiestan.
Los escenarios en la política global en este 2026, recuerdan por fuerza un ciclo dialéctico. Pareciera, -solamente pareciera- que Rusia repite el modelo del Zar: poder personal absoluto envuelto en misticismo nacional y control de recursos vitales.
China, parece que revive la lógica del emperador Kublai Khan, nieto de Gengis Khan; -pareciera, solamente pareciera- porque: trae una centralización extrema disfrazada de armonía confuciana, una legitimidad basada en resultados materiales y una expansión mediante infraestructuras que atan más que las cadenas.
Estados Unidos -pareciera, solamente pareciera- encarna a un emperador romano tardío: republicanismo formal que oculta dominio personal/oligárquico, control de rutas comerciales globales (como las vías romanas o el Mare Nostrum) y la convicción de ser el indispensable garante del orden… claro, siempre que se le pague tributo.
Los tres sistemas hoy perecieran… solamente, parecieran… espejos rotos de un mismo arquetipo imperial.
Pareciera, -solamente pareciera- que la Tierra no fue repartida en una cumbre secreta ni en una guerra mundial. Simplemente volvió a un patrón milenario: tres polos fuertes que prefieren estabilidad autoritaria, a libertad caótica.
Pareciera, solamente pareciera, que los zares, los grandes kanes y los césares, nunca desaparecieron; solo cambiaron de bandera, de moneda y de satélite espía.
Rusia, China y EEUU, cada uno cree ser el legítimo heredero del mundo entero. Pero cuando tres se proclaman centro, el centro se diluye y solo quedan periferias nerviosas, esperando el próximo movimiento y así es -…pareciera… solamente pareciera…- como nos encontramos hoy geopolíticamente.
Estamos viviendo en un mundo donde nadie pide tu opinión y si lo hacen, es a través de encuestas armadas a modo con resultados sobradamente pre anunciados. Un fraude chistosamente legitimado.
Un dato curioso: por parte de estos nuevos actores ubicados en tres históricos y conocidos escenarios, nadie pretende, busca, sugiere o quiere una guerra total aún, pues para estos tres sistemas de gobierno contemporáneos, es más rentable vigilarse, cobrarse tributos y dejar que el otro se desgaste solo; porque de llevarse a cabo una tercera guerra mundial, los pocos sobrevivientes la terminarían arrojándose piedras.
Hoy la Tierra parece un antiguo tapiz desgarrado y vuelto a coser por cables submarinos como hilos de acero que envuelven silicio. Y no se diga el espacio, una inmensa maraña de satélites interconectados.
Pareciera… solamente pareciera, que la humanidad ha vuelto a elegir amos absolutos porque le teme más al vacío, que a las cadenas.
Mientras estos tres guardianes del mundo se observan desde sus tronos modernos, el silencio entre sus imperios es un verdadero rugido de la historia reescribiéndose. Pareciera… solamente pareciera…
Espero estar equivocado, pero… pareciera… solamente, pareciera… que no hubo cumbre secreta que repartiera continentes ni hubo una verdadera amenaza de guerra mundial que trazara fronteras con fuego; simplemente, pareciera, que el mundo regresó a una versión moderna de un ciclo milenario.
En esta nueva historia distópica, en este nuevo drama y orden mundial “increíble” -en el mejor de los significados de “Increíble” en un diccionario de nivel básico-, pareciera… solamente pareciera… que el rol y actuación de México, lo traza un indetectable y solitario Dron militar cruzando nuestro cielo sin disparar.
Para nuestra soberanía, es un saludo silencioso, una advertencia mutua de algo más lento y profundo.
…pareciera… solamente, pareciera…

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