14 abril, 2026

PERIODISMO INDEPENDIENTE EN MORELOS

LA FÁBRICA DE LO “NORMAL”

Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL

Cuernavaca, Morelos, México, 14 de abril de 2026.- Cada vez es más habitual: ideas que hace apenas unos años habrían provocado rechazo o escándalo, hoy se defienden como inevitables o incluso progresistas.

El cambio no llega de golpe ni por imposición abierta. Llega preparado con antelación, de forma lenta y casi imperceptible. Hay un proceso de fabricación para establecer la “normalidad”.

Son cuatro conceptos poco divulgados que ayudan a entender este proceso silencioso: 1.- el primado negativo, 2.- la Ventana de Overton, 3.- la ingeniería social y 4.- la programación predictiva.

El primado negativo, estudiado en psicología cognitiva, revela un mecanismo astuto del cerebro. Cuando un tema controvertido aparece primero en contextos de ficción, humor negro o dramatismo exagerado, lo archivamos automáticamente como “ridículo” o “irreal”. Luego, cuando ese mismo asunto irrumpe en la vida real, la reacción de alarma llega debilitada. Ya lo habíamos prejuzgado sin darnos cuenta.

La Ventana de Overton, desarrollada por el politólogo Joseph Overton, describe el rango limitado de ideas que una sociedad considera aceptables en cada momento. Fuera de esa ventana están las propuestas que parecen locuras o extremismos. Dentro, lo que va desde “debatible” hasta “política oficial”.

Lo decisivo es que esa ventana no está fija: se desplaza gradualmente mediante debates, medios de comunicación, activismo y crisis oportunas. Así hemos visto cómo temas antes marginales -como el matrimonio igualitario o la legalización de ciertas sustancias- se convirtieron en consenso mayoritario sin que pareciera un salto brusco.

La ingeniería social, lleva el asunto a un terreno práctico y peligroso. No hackea ordenadores, sino personas. Se aprovecha de nuestra confianza, del miedo, de la urgencia o de la autoridad. En el día a día es la base del phishing y las llamadas falsas donde alguien se hace pasar por tu banco o tu jefe. A gran escala, estos mismos principios sirven para inducir comportamientos colectivos mediante mensajes emocionales bien calculados.

La programación predictiva, el más especulativo de los cuatro, sugiere que la industria del entretenimiento nos bombardea constantemente con escenarios futuros -vigilancia masiva, pandemias, crisis tecnológicas- para que, cuando lleguen a la realidad, ya no nos resulten tan extraños. “Esto ya lo habíamos visto”, pensamos. Películas como Minority Report o series como Black Mirror son los ejemplos clásicos y más ilustrativos.

Bien visto, estos cuatro mecanismos son las herramientas en la fábrica de lo “normal”, coinciden en algo fundamental y tienen un denominador común: operan de manera gradual y sutil, sin recurrir a la fuerza. Preparan el terreno psicológico, desgastan la resistencia natural al cambio y convierten lo extraordinario en rutina.

Estos cuatro mecanismos los utilizan por igual gobiernos, grandes empresas tecnológicas y mediáticas, think tanks, activistas y lobbies de todo el espectro para ganar poder, influencia y beneficios económicos.

En la era de las redes sociales y la inteligencia artificial, hacer la vista gorda ante estos procesos ya no es una opción. No se trata de ver conspiraciones en cada esquina, pero sí de dejar atrás la ingenuidad. Buena parte de lo que hoy llamamos “normal” no ha surgido de forma espontánea: ha sido construido con antelación, a través de la repetición, la familiaridad y el desplazamiento calculado de límites.

¿Hay remedio? Es una moneda al aire individual; pues para mantener hoy un mínimo de pensamiento crítico e independencia, -en medio de un masivo y direccionado bombardeo de sobreinformación-, solamente queda ser conscientes de cómo en este Océano de la realidad trastornada, se fabrica lo “normal”.

Lo decisivo es que esa ventana no está fija: se desplaza gradualmente mediante debates, medios de comunicación, activismo y crisis oportunas. Así hemos visto cómo temas antes marginales -como el matrimonio igualitario o la legalización de ciertas sustancias- se convirtieron en consenso mayoritario sin que pareciera un salto brusco.

La ingeniería social, lleva el asunto a un terreno práctico y peligroso. No hackea ordenadores, sino personas. Se aprovecha de nuestra confianza, del miedo, de la urgencia o de la autoridad. En el día a día es la base del phishing y las llamadas falsas donde alguien se hace pasar por tu banco o tu jefe. A gran escala, estos mismos principios sirven para inducir comportamientos colectivos mediante mensajes emocionales bien calculados.

La programación predictiva, el más especulativo de los cuatro, sugiere que la industria del entretenimiento nos bombardea constantemente con escenarios futuros -vigilancia masiva, pandemias, crisis tecnológicas- para que, cuando lleguen a la realidad, ya no nos resulten tan extraños. “Esto ya lo habíamos visto”, pensamos. Películas como Minority Report o series como Black Mirror son los ejemplos clásicos y más ilustrativos.

Bien visto, estos cuatro mecanismos son las herramientas en la fábrica de lo “normal”, coinciden en algo fundamental y tienen un denominador común: operan de manera gradual y sutil, sin recurrir a la fuerza. Preparan el terreno psicológico, desgastan la resistencia natural al cambio y convierten lo extraordinario en rutina.

Estos cuatro mecanismos los utilizan por igual gobiernos, grandes empresas tecnológicas y mediáticas, think tanks, activistas y lobbies de todo el espectro para ganar poder, influencia y beneficios económicos.

En la era de las redes sociales y la inteligencia artificial, hacer la vista gorda ante estos procesos ya no es una opción. No se trata de ver conspiraciones en cada esquina, pero sí de dejar atrás la ingenuidad. Buena parte de lo que hoy llamamos “normal” no ha surgido de forma espontánea: ha sido construido con antelación, a través de la repetición, la familiaridad y el desplazamiento calculado de límites.

¿Hay remedio? Es una moneda al aire individual; pues para mantener hoy un mínimo de pensamiento crítico e independencia, -en medio de un masivo y direccionado bombardeo de sobreinformación-, solamente queda ser conscientes de cómo en este Océano de la realidad trastornada, se fabrica lo “normal”.

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