EN EL OLVIDO

SIN CORTAPISAS

Por PATRICIA CASTRO CEDILLO / MASEUAL

  • * Morelenses, en el olvido

Cuernavaca, Morelos, México, 4 julio de 2026.- La actual administración estatal, presidida por Margarita González Saravia, le ha quedado a deber, y mucho, a los morelenses, quienes por más que se han inconformado ya sea por el incremento a las tarifas, por el crecimiento desmedido de asaltos a cuentahabientes, por los asaltos a mano armada a cuentahabientes,  robo de vehículos, asesinatos, entre la infinidad de delitos de alto impacto que se cometen a diestra y siniestra, ha quedado demostrado que no hay poder alguno para contrarrestar estos flagelos lacerantes y continúan siendo víctimas de estos.

Entre la población prevalecen la impotencia, la ira, la incertidumbre y desasosiego, porque no obstante a que han hecho del conocimiento de las autoridades que esta situación les afecta en su día a día, quienes hoy gobiernan, ya sea al estado o a los municipios, continúan empecinados en resaltar y recalcar que en Morelos todo marcha a toda mader, que los gobernados están hiper contentos que sigan pisoteando sus derechos e ignorando sus necesidades.

No es justo que tanto Margarita González Saravia y, en este caso, el alcalde de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, se empeñen en destacar logros inexistentes; en precisar que los delitos van a la baja porque así lo señalan sus informes criminógenos; no es justo que continúen jugando con la inteligencia de la población; no es justo que persistan en minimizar la realidad que les golpea el rostro.

No es justo pues, que el ciudadano común y corriente, aquél que sale todos los días desde temprano buscando el sustento para sus familias, se vea obligado a salir de sus hogares con temor de ser víctima de algún hecho delictivo y tema, con justificada razón, no regresar con bien por la ola delictiva que impera en la entidad.

La cruenta realidad, esa que no quieren ver los políticos ni funcionarios públicos desde sus cargos y responsabilidades, es la que padecen los ciudadanos diariamente, con cotidianeidad y casi casi normalizando los ilícitos, confiando su bienestar a la gracia de Dios, porque definitivamente a las autoridades no, a estas no hay nada que agradecerles.

¿Qué se necesita para que la gobernadora y alcaldes se sensibilicen y se quiten las venda de los ojos para constatar que Morelos no está bien; el estado marcha a la deriva, donde no sólo los habitantes tienen que vivir entre la inseguridad y abusos no sólo de las administraciones abusivas, sino de los mismos transportistas que se salieron con la suya al incrementar 3 pesos la tarifa mínima (oficialmente) porque en los hechos se están sirviendo con la “cuchara grande” y están cobrando 4, 5, 6 y hasta 7 pesos o más, dependiendo los recorridos.

¿Quién vela en verdad por el bienestar y desarrollo integral de las familias morelenses? ¿qué autoridad en verdad actúa en consecuencia y detiene los atropellos del pulpo camionero? ¿quién cuida de la integridad física y del patrimonio de los ciudadanos? ¿quién resarce los daños y pérdidas a los morelenses que han sido víctimas del delito? Muchas las preguntas y nulas las respuestas que protejan a los habitantes de Morelos.

De qué sirve que se levanten denuncias cuando se es víctima del delito, si nunca atrapan al culpable y reparan el daño; de qué sirve que los ciudadanos se inconformen, marchen, declaren a viva voz que están hartos de ser ignorados; de qué sirven los plantones y amparos, en este caso, contra el tarifazo, si a lo mucho, en caso de prosperar, el ciudadano amparado tendrá que estar mostrando la resolución del juez para que nos les cobren de más, si los choferes optarán por tratarlos mal y bajarlos de las unidades.

En Morelos se adolece de funcionarios honestos, responsables, humanos, sensibles, que sólo se están preocupando y ocupando en llenarse los bolsillos, en mejorar su calidad de vida y de sus familias; se preocupan y ocupan en que en el siguiente trienio puedan amarrar otro “hueso” prometiendo lo de siempre e incumpliendo como es su estilo. No se duda que haya uno que otro servidor público que sí trabaja en el bienestar de la sociedad, pero ¿dónde están?

El llevar obras de relumbrón, bachear calles y pavimentar una que otra vialidad no es algo que se les tenga que agradecer, es su trabajo hacer bien las cosas, ya que los recursos no salen de sus bolsillos, sino del erario público. ¿Qué se invierten millones de pesos para obras? ¿Realmente las cifras son exactas o infladas?, eso sólo ellos lo saben. Pero no, el que pinten puentes, instalen paraderos, construyan rejillas pluviales, es parte de su trabajo, no le están haciendo un favor a los morelenses, es su trabajo mejorar la calidad de vida de los gobernados. Que no se les olvide.

Son muchas las necesidades de la población y pocas, muy pocas, las acciones tendientes a subsanarlas; para hacer el bien y que la gente se los reconozca no es necesario ir a sacarse la foto para resaltar ese “logro”; de qué sirven las encuestas si en los hechos, muchas de estas son pagadas por el gobierno mismo. Los políticos sólo “salpican” para que vean que “trabajan”, cuando existen cientos de colonias y poblados que carecen de servicios públicos de calidad.

Funcionarios, políticos, todos desde sus puestos, cargos, escaños o como quieran llamarle deben dejar de trabajar en intereses de grupo y partidistas; se deben a las personas que los eligieron, los encumbraron; deben aterrizar recursos federales para la creación de empleos, para fortalecer al campo, para reforzar la seguridad, para inhibir y cortar de tajo la inseguridad que sentó sus reales en la entidad.

Son muchas las tareas pendientes que tiene el gobierno, en todos sus niveles, para estar en posición de que los ciudadanos les reconozcan fehacientemente su labor, pero no basta con “mejoralitos” cuando en los hechos se requiere de todo un tratamiento para sacar de la podredumbre al estado que desde hace años ahí yace.

Los morelenses se sienten olvidados, relegados, marginados, faltos de oportunidades laborales y de crecimiento económico verdadero; los morelenses ya no quieren que el gobierno haga como que trabaja, cuando en los hechos la inseguridad se incrementa; el desempleo crece; los trabajos existentes son mal pagados y muchas veces sin prestaciones y horarios esclavizantes; los morelenses ya no saben qué hacer ni a quién acudir ante ese cúmulo de desaciertos gubernamentales.

Lo anterior, es el pensar de los morelenses tras un sondeo realizado donde, con recelo, temor e incertidumbre se animaron a externar su sentir, ese que al gobierno parece no importarle. Ya se verá si con el paso del tiempo las cosas mejoran o bien, se siguen hundiendo en esas realidades cruentas, perversas que sólo los gobernados ven, nadie más. Tiempo.

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