25 mayo, 2026

Pionero de la agroecología en Morelos: “Recuperar el vínculo con la tierra para alimentar sanamente a las nuevas generaciones”

Entrevista | Especial

Por HUGO BARBERI RICO

Jojutla, Morelos, México, 23 de mayo de 2026.- En un contexto nacional donde la obesidad y el sobrepeso afectan al 75.2% de los adultos de acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2018) y la prevalencia de obesidad en adultos mexicanos alcanzó el 36.9% en 2022 según la misma encuesta, se consolida la “agroecología” como un modelo en el que se debe recuperar el vínculo con la “madre tierra” para lograr alimentar sanamente a las nuevas generaciones, comentó Antonio Real Hernández, autor del libro “Modelo Educativo Agroecológico. Hasta la soberanía alimentaria comunitaria” y condecorado con el Reconocimiento al Mérito Forestal 2025.

El entrevistado, quien concedió una entrevista con este medio, ya demostró su trabajo explicado en su libro al dirigir la Escuela Secundaria Técnica número 34 de la Unidad Morelos, de Jojutla, misma que convirtió en la primera escuela “agroecológica” en el plano nacional y en la que decidió enfrentar la “colonización del paladar” y la pérdida de las tradiciones alimentarias mesoamericanas.

Su resultado fue un modelo educativo pionero en agroecología que ya inspira cambios en el estado.

En Morelos, el actual gobierno encabezado por Margarita González Saravia Calderón, instituyó el pasado 20 de mayo como el “Día de la Agroecología”, convirtiendo a la entidad en la pionera a nivel nacional en avanzar en esta transición.

Una de las exposiciones en materia de soberanía alimentaria en la Escuela (pionera) Secundaria Técnica 34

Antonio Real, tallerista, conferencista en la materia, conversó con este medio sobre el significado profundo de la agroecología.

—¿Qué es la agroecología y por qué es importante en un estado como lo es Morelos?

—La agroecología es un movimiento de cambio de pensamiento hacia la producción regional de alimentos saludables que durante generaciones se han consumido en las cercanías de las poblaciones.

Significa recuperar el apego espiritual a la tierra, dejar de verla como mera mercancía o medio de producción, y entenderla como parte del mismo ambiente del que el ser humano también forma parte. Se trata de vivir en armonía con ese entorno.

No es solo un conjunto de conocimientos técnicos, científicos o metodológicos. Es una forma diferente de obtener productos alimenticios saludables sin dañar el ambiente, sin introducir insumos ajenos que contaminen los alimentos o el suelo. Tiene elementos históricos de recuperación de la memoria alimentaria de los pueblos mesoamericanos, elementos culturales para revalorizar formas de vida saludable, elementos económicos para pasar de ser solo comprador-consumidor a productor-consumidor de sus propios alimentos, elementos políticos porque reconoce la necesidad de seguridad en la tenencia de la tierra, y elementos ecológicos porque toda la producción busca cuidar el ambiente para que las futuras generaciones hereden un mundo saludable que pueda sostener la vida.

—¿Cómo surgió este proyecto en la escuela secundaria que dirigió?

—En 2017 comenzamos a diagnosticar el entorno donde se ubica la escuela, la forma de vida de las familias de los alumnos, las condiciones socioambientales y de salud alimentaria. El problema central que identificamos fue la ruptura de las nuevas generaciones con las formas tradicionales de producción, conservación, procesamiento y consumo de los alimentos propios de las culturas mesoamericanas, que son la base fundamental de México.

Encontramos una colonización del sistema gastronómico —ingredientes, condimentos, utensilios y técnicas de preparación— primero con la llegada de los europeos y, más recientemente, con la influencia de la comida rápida, enlatada y chatarra de origen norteamericano. Esto ha golpeado dramáticamente la salud de millones de mexicanos por el alto consumo de azúcares, colorantes, saborizantes, emulsificantes, antibióticos y conservadores.

—¿Cómo respondieron a este diagnóstico?

—A partir de reconocer este grave problema, nos dimos a la tarea de preparar compostas, lombricompostas, criar tenebrios y sembrar hortalizas dentro de la asignatura de Biología, con temas de salud, nutrición y biodiversidad. Convertimos el espacio en un laboratorio vivo.

Poco a poco escalamos a otras actividades que reforzaran el cambio de mentalidad en los alumnos y repercutiera en sus familias. Preparamos chocolate criollo, pinole, aguas frescas, tepache, nieves y ensaladas con frutos propios de la selva baja caducifolia, el ecosistema de esta región sur de Morelos.

Para los alumnos fue una sorpresa descubrir productos que no conocían, como semillas de coyote o bonete tostadas, frutos de guachocote, pitaya, entre muchos otros.

Jairo Restrepo en taller enfocado a la soberanía alimentaria en la citda escuela técnica 34

También elaboramos atoles de pinole con chocolate, tamales, galletas, frappé de pinole y preparamos tenebrios guisados.

Deshidratamos frutas, verduras y carne para aprender conservación sin perder características nutricionales.

—¿De estas prácticas surgió un modelo educativo formal?

—Exactamente. A partir de estas prácticas aisladas creamos un modelo educativo basado en la agroecología. Elaboramos programas para los tres grados en agroforestería, zootecnia y ecogastronomía. Esto le dio estructura didáctica, epistemológica y académica al modelo.

El equipo básico que le dio forma estuvo integrado por la ingeniera Carmen Calderón Vega, la ingeniera Eva Rosas García, el maestro Alberto García Bautista y quien les habla, Antonio Real Hernández.

—¿Qué mensaje daría a otras comunidades y autoridades?

—Que la agroecología no es un regreso al pasado, sino una mirada inteligente al futuro. Recuperar saberes ancestrales con rigor técnico permite producir alimentos sanos, cuidar el suelo y el agua, y fortalecer la soberanía alimentaria. Que pueden heredar un mundo saludable que pueda sostener la vida eso es la agroecología.

En Morelos, pionero nacional con el Día Estatal de la Agroecología (20 de mayo), este enfoque puede ser una herramienta poderosa contra la crisis de salud pública y la degradación ambiental.

De acuerdo a los datos de Real Hernández, tanto él como su equipo sostienen que la educación puede ser el punto de partida para transformar no solo una escuela, sino familias y territorios enteros.

En tiempos donde las enfermedades crónicas ligadas a la alimentación representan uno de los mayores retos sanitarios del país, experiencias como esta en Jojutla son alternativa concreta y esperanzadora.

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