Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL
Cuernavaca, Morelos, México, 28 de septiembre de 2026.- Lo que sigue es para quienes necesitan que la fe venga con manual de usuario y bata de laboratorio: si al navegar por tus redes sociales te cruzas con un titular que promete la “prueba matemática definitiva de que Dios existe” mediante un “procesador bíblico de 16 bits”, no te asustes ni te deslumbres. No has presenciado el mayor descubrimiento de la historia, sino un ejemplo perfecto de una tendencia que abunda en internet: el tecnomisticismo o su prima hermana, la numerología digital.
Esta moda consiste en tomar ideas religiosas o místicas y soltárselas a la IA para que las envuelva en un lenguaje informático y científico hipercomplejo y de tan enredadas, parezcan verdades comprobadas. Es el equivalente moderno a vender un remedio milagroso en la feria, pero cambiando el frasco de jarabe por un mapa de ecuaciones y términos en inglés.
Es una receta perfecta de engaño y funciona así: los creadores de estos textos utilizan una técnica muy antigua disfrazada de tecnología de punta. Mezclan palabras científicas reales —como física cuántica, código binario, desbordamiento de memoria— u otras más apantallantes y las combinan con pasajes religiosos.
Para entender el truco, imagina a un cocinero que junta en una licuadora piezas de motor, harina, pintura de aceite y azúcar, y luego asegura que el resultado es una sopa nutritiva, solo porque usó ingredientes reales. Que las palabras existan en los libros de matemáticas no significa que juntas tengan sentido.
Por ejemplo: asociar el número 7 de la creación bíblica con un procesador de computadoras es tan arbitrario como decir que, como un automóvil tiene cuatro ruedas y un perro cuatro patas, un perro es en realidad un vehículo diseñado por ingenieros. Es una asociación por coincidencia, no una prueba real.
Y todo esto suena tan convincente, porque hoy en día, herramientas de inteligencia artificial facilitan redactar textos que “suenan” sabios y profundos, aunque no digan nada con sustancia.
Además, muchos de estos escritos incluyen enlaces con apariencia académica para engañar al lector desatento. Mencionan códigos “DOI”, es decir: una cadena única de números, letras y símbolos que funciona como la cédula de identidad igual a tu “CURP”, pero en un documento digital de internet.
O bien, te engatusan con bibliotecas digitales que cualquier persona puede usar en la red para subir un archivo sin que ningún científico verificado haya revisado si el contenido es verdad.
Así que para que tu fe no siga necesitando disfraces de física cuántica o fantasías digitales, necesitas tomarte un poco de tiempo y checar algunos detalles: Si todo encaja demasiado “perfecto”, recela, desconfía, como cuando te regalan despensas en la puerta de tu casa a cambio de los datos de tu tarjeta del INE.
La ciencia no funciona encontrando mensajes ocultos en textos antiguos usando números mágicos. Si un escrito afirma que una ecuación “demuestra” un dogma religioso de forma exacta, estás ante un texto poético o de ficción, no ante ciencia.
Revisa quién respalda la noticia -esto de revisar sirve para todo tipo de información, principalmente si son temas políticos donde los trolls y bot´s son abundantes en temporada electoral- pero te decía, que: un descubrimiento que cambia la historia de la ciencia, no se publica primero en un video de redes sociales o en un blog personal. Las verdaderas investigaciones son revisadas por comunidades de científicos independientes antes de confirmarse.
Y si el texto usa docenas de palabras extravagantes pero, al intentar explicárselo a un amigo con tus propias palabras, él se da cuenta de que no te entendió nada, lo más probable es que el autor de lo que leíste, solo buscaba marearte con palabrerías para aparentar autoridad. -Esa obsesión, no sé por qué, me parece familiar todos los días temprano recién me levanto, excepto fines de semana.
El caso es que la tecnología y la ciencia, son excelentes herramientas para entender el universo, al igual que la fe forma parte de la búsqueda espiritual humana y mezclarlas a la fuerza con términos de computación, solo crea confusión en un ecosistema digital que ya de por sí está bastante saturado de ruido e información basura.
Ojo, entonces, cuando a la fe la disfrazan de ciencia, estás frente al “tecnomisticismo” o su prima hermana, la numerología digital.
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