BAJO EL SOL DE MORELOS: LA HISTORIA DEL MAR PREHISTÓRICO

Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL

Cuernavaca, Morelos, México, 21 julio de 2026.- Imaginar el estado de Morelos evoca de inmediato imágenes de un clima benévolo, montañas escarpadas y valles verdes. Sin embargo, si pudiéramos abordar una máquina del tiempo y retroceder al menos cien millones de años, en lugar de vegetación nos encontraríamos nadando en las aguas cálidas de un mar tropical repleto de arrecifes y criaturas extraordinarias.

La ciencia lo confirma: el territorio que hoy ocupa este estado estuvo completamente sumergido bajo el agua durante el periodo Cretácico, un lapso que se calcula comenzó hace 143 millones de años y terminó hace 66 millones de años.

Geólogos e investigadores del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Servicio Geológico Mexicano han documentado ampliamente que gran parte del centro y sur del país daban forma a la llamada Plataforma Guerrero-Morelos. Este cuerpo de agua era una cuenca marina poco profunda, similar en temperatura y biodiversidad a lo que hoy conocemos como el Mar Caribe.

La prueba contundente de este pasado acuático no está oculta en laboratorios lejanos, sino a la vista de todos: en la roca caliza que conforma los cerros y barrancas de la región. La caliza es, en esencia, un cementerio marino fosilizado que se forma a lo largo de millones de años mediante la acumulación y compactación de conchas, esqueletos de corales y sedimentos ricos en carbonato de calcio en el lecho del océano.

Existe un amplio registro paleontológico de estas criaturas insólitas, localizado en municipios como Jiutepec, Puente de Ixtla y Cuautla:

Se han localizado Ammonites: Parientes prehistóricos de los pulpos y calamares que habitaban dentro de conchas en espiral. Se han recuperado ejemplares fosilizados cuyos diámetros van desde el tamaño de una moneda hasta la dimensión de una rueda de automóvil.

En la lista hay Rudistas: En lugar de los corales modernos, los arrecifes de la época estaban construidos por rudistas, una clase extinta de moluscos bivalvos con conchas cónicas en forma de vaso que podían medir más de medio metro de altura.

Y no pueden faltar los Arrecifes: La cordillera rocosa que alberga las famosas Grutas de Cacahuamilpa, en los límites de Morelos y Guerrero, fue en realidad un majestuoso complejo arrecifal de la época.

¿Dónde verlos? Si quieres conocer fósiles marinos auténticos extraídos directamente de la Formación Morelos o de la región central del país, puedes encontrarlos en el Museo de Geología de la UNAM en la Ciudad de México y en los laboratorios de investigación del Instituto de Geología.

Y cabe preguntarse: ¿qué ocurrió con toda esa agua marina? Los geólogos explican que el líquido no se evaporó ni desapareció por arte de magia. Hace aproximadamente sesenta millones de años, un colosal fenómeno tectónico conocido como la Orogenia Laramide,  provocó el choque de las placas terrestres; la corteza se comprimió y empujó el antiguo lecho marino hacia arriba, elevando la roca caliza miles de metros sobre el nivel del mar.

Ante este descomunal levantamiento, el agua se «vació» por gravedad, escurriendo paulatinamente hacia las zonas más bajas a medida que el terreno se elevaba, hasta retirarse a las cuencas que hoy forman el Golfo de México y el Océano Pacífico.

Añaden los especialistas que el agua dulce de las lluvias posteriores terminó por filtrarse entre las grietas de la roca caliza emergida, disolviendo el subsuelo y dando origen a los extensos acuíferos subterráneos y cavernas que caracterizan a la región.

Así que, cada vez que contemplamos los cerros de Morelos, no estamos observando simple piedra: caminamos sobre el fondo calcificado de un antiguo océano tropical que tardó millones de años en emerger.

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