SIN CORTAPISAS
Por PATRICIA CASTRO CEDILLO / MASEUAL
- * Entre tianguistas te veas
Cuernavaca, Morelos, México, 10 de abril de 2026.- La situación económica afecta a todos por igual. Por un lado, existe el incremento desmedido en precios de la canasta básica, sumado a la falta de empleo formal con salarios dignos y prestaciones sociales, lo que sin duda orilla a miles de personas a incorporarse al comercio informal, pero, por el otro está la manera en cómo pueden recuperar su inversión y obtener ganancias que les permitan subsistir.
En esta ocasión, se hizo una dinámica para ver la realidad que enfrentan los comerciantes informales, principalmente aquellos que expenden sus productos u objetos que ya no utilizan (ropa, calzado, fruta y artículos varios). Para tal fin se realizó un recorrido a uno de los tianguis más populares en Cuernavaca, nos referimos al ubicado en el poblado de Chamilpa.
En más de una ocasión se ha sido testigo de riñas y enfrentamientos entre comerciantes, ya sea por la invasión de espacios, ya sea por manejar el mismo giro, ya sea por buscar colocarse en el mejor espacio posible para tener mayores márgenes de ganancias. El hecho es que como cualquier ciudadano que acude a éstos, no entiende la importancia que tiene para los fenicios esas situaciones.
La odisea inicia al acudir al tianguis de Chamilpa. Si se desea tener un lugar más o menos bueno -sin ser tianguista dominical que acude puntualmente esos días-, se debe llegar a la cuatro de la mañana y anotarse en una lista de espera para que, a partir de las 8 les asignen un espacio; si se tiene suerte se le asignará uno en la explanada ya pavimentada, si no, en el área de terracería. En ambos casos se deben llevar incluso carpas, lonas, cuerdas, mesas, y si se puede estructura metálica desmontable para poder acomodar sus productos.
Pero, en el supuesto caso de que ya no alcancen lugar dentro de la explanada, se acude a propietarios de espacios en terrenos aledaños -algunos con locales; otros, simple espacio en el suelo terroso -muy terroso-. Existen dos familias que se dedican a rentar esos espacios, una de éstas es también propietaria de un estacionamiento, donde la renta oscila entre los 50 pesos por un espacio pequeño, hasta los 120 pesos por un espacio en un local de dos metros de frente por cuatro metros de fondo, aproximadamente.
Muchos de los que ahí acuden lo hacen por necesidad, con optimismo y confianza de tener buenas ventas, pero se enfrentan al enojo de una señora que renta espacios en la vía pública -que no pertenece a su propiedad porque hay una cerca de alambre de púas que delimita su terreno-; esta mujer tiene varios locales en obra negra, es la que renta estos entre los 120 a los 240 pesos, dependiendo el espacio.
La fémina en cuestión es conocida por su carácter amargo, por ponchar las llantas o quitar el aire a estas si alguna persona osa estacionarse en la vía pública donde renta espacios, eso lo saben y lo han dicho quienes acuden cada domingo a vender y ya tienen su espacio apartado-asignado. Esta señora, con malas palabras y gritando les quita el aire a las llantas, vociferando que si hay algún problema digan que ella fue. Esto, al ser testigo de cómo se acercó a una motocicleta para bajarle el aire a las llantas, cuyo propietario estaba a unos pasos bajando los productos que ofertaría.
Al decirle que no se iba a tardar y que sólo estaba bajando su mercancía, le gritó diciendo que ahí no era estacionamiento y que la quitara de inmediato. En fin. Otra persona que acudió a vender ropa y objetos varios, se acercó a preguntar quién podría rentarle un espacio y, pese a que se le rentó uno, ya instalada, se acercó la dueña de ese terreno -frente al tianguis- a decirle secamente que se quitara; que se moviera de ahí porque se pondría otro comerciante, sin respetar que ya se lo había asignado.
Lo anterior es lo que padecen, inicialmente, los que llegan a querer vender. Ya instalados, ya sea tendiendo un plástico para evitar que el polvo inunde sus productos, ya sea adquiriendo una lona -que no estaba en su presupuesto- para evitar los rayos del sol, con la mejor actitud -después del momento incómodo-, se disponen a acomodar sus productos para la vendimia.
TESTIMONIO
Olivia, joven mujer que acudió a vender con su familia fruta de temporada, llegó al lugar a las 7 de la mañana; buscó un sitio dónde colocarse para la vendimia. Tras la odisea ya mencionada líneas arriba, le asignaron un espacio de unos dos metros de largo y un metro de fondo, terroso y a orillas de la vía pública, compuesta de tierra y piedras, donde en primera instancia había excremento de perro. Pero bueno, pagó a alguien para que las quitara y dejara limpio, prosiguiendo con la instalación de su mesa para colocar la fruta fresca, cubierta en recipientes herméticos, para ofertarla con la sanidad necesaria. Usando para tal efecto guantes y cubrebocas, así como todo lo necesario limpio y desinfectado, llevando su propia agua para lavar los utensilios.
Su idea fue la de vender la fruta ya pelada y preparada con diversos ingredientes -chile, limón, ´miguelito´, chamoy; la presentación fue llamativa para que a los clientes se les antojara y los degustaran durante su recorrido en el tianguis, ya sea insertados en palitos de madera o en recipientes cerrados y transparentes. Con el paso de las horas, el sol le daba a todo lo que da y, con el temor de que se echara a perder su mercancía, compró una lona -que no estaba contemplada en su presupuesto- y la extendió para cubrirse del sol.
Reconoce que las ventas no eran las esperadas, sin embargo, confiaba en que mejorarían. Alrededor de las 11 de la mañana se percató que unos tianguistas que expendían únicamente frutas y verduras, mismos que se ubicaban frente a ella, se pusieron a pelar mangos y fruta de temporada para también venderla en bolsas. En tanto, otro tianguista que se pone afuera del centro de salud -ubicado a un lado de ella, cruzando la calle-, quien vende únicamente naranjas, también se puso a vender fruta pelada y no eran naranjas. Por si fuera poco, al poco tiempo se apostó a su lado, un “carretillero” vendiendo también fruta con chile, limón y demás.
Si bien dice el dicho que “el sol sale para todos”, también lo es que quedó de manifiesto la envidia y competencia desleal, ya que antes de que se instalara ninguno de los tianguistas en comento ofertaban lo que ella. De ahí, que se comprende el por qué en algunos casos se presentan riñas y altercados.
Pero bueno, siguió confiando en que la presentación que ella daba a sus productos era el “plus” para allegarse de clientes. Y si bien no vendió lo que esperaba ni recuperó su inversión, pudo vender “algo” y confío en que la manera en cómo expende sus productos, le allegará más clientes, en el caso de que vuelva a acudir a ese sitio a vender.
¿REGULACIÓN DESACTUALIZADA?
Tras realizar una búsqueda para verificar la existencia de algún reglamento de mercados y tianguis para Cuernavaca, no se encontró, al menos en la búsqueda realizada el día jueves 9 de abril del año que nos ocupa; lo que sí se halló en el Sistema en línea de difusión del Marco Jurídico Estatal vigente, con el número 17, bajo el título “Reglamento de Mercados, Tianguis, puestos fijo, semifijos y ambulantes, que data su última actualización con fecha del 29 de noviembre de 1995. En este se regula en sus artículos del 42 al 46 lo relativo a los requisitos y condiciones, así como obligaciones para su instalación. http://marcojuridico.morelos.gob.mx/consultaregmunicipal.jsp.
Empero, ¿realmente existe una vigilancia y supervisión para su cumplimiento? ¿quién sanciona a los propietarios que se adueñan de la vía pública y las renta? ¿Tiene que ver con que se ubiquen, en este caso, en un pueblo de usos y costumbres?
Lo que se requiere, en todo caso, es que se actualice dicho reglamento y se hagan efectivos sus lineamientos para que los tianguistas, ya sea permanentes, periódicos o eventuales, puedan beneficiarse y saber que están protegidos por la ley en caso de alguna eventualidad.
Finalmente, se reitera, la economía en Morelos orilla a que cientos de familias se dediquen a vender en los tianguis, se repite, en este caso, lo que ya no utilizan. O bien, busquen emprender con la venta de dulces, frutas y demás emprendimientos, pero con la certeza de que encontrarán solidaridad y cobijo, y no competencia desleal y agresiones de quienes rentan espacios. Aunque, ojo, existen tianguistas solidarios, empáticos y solícitos, dispuestos a ayudar a quienes acuden a esos lugares esporádicamente, pero son los pocos, lamentablemente.
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