¡JUSTICIA!, EL CLAMOR

SIN CORTAPISAS

Por PATRICIA CASTRO CEDILLO / MASEUAL

  • * Se recrudece la inseguridad

Cuernavaca, Morelos, México, 7 de noviembre de 2026.- ¡Justicia! ¡Justicia! ¡Justicia! Es el clamor social que retumba en toda en la entidad, donde, día tras día exigen los morelenses se les garantice una seguridad ya fenecida ante la apatía del estado y municipios que lo conforman. Clamor que continúa siendo ignorado por quienes hoy gobiernan, quienes se conforman con publicar comunicados “lamentando” los sucesos violentos cuando se trata de personas reconocidas, no así cuando se trata de un ser humano común y corriente.

Queda demostrado, una vez más, que las acciones implementadas para brindar seguridad a los morelenses por parte del gobierno presidido por Margarita González Saravia y el alcalde José Luis Urióstegui Salgado, sirven para dos cosas: para nada y para nada. Y ¡no! Definitivamente no pueden “tapar el sol con un dedo” porque no se trata de percepción de inseguridad, sino de hechos irrefutables cometidos ante la inoperancia de quienes debieran preocuparse y ocuparse por otorgar esa tranquilidad a los morelenses.

Las excusas son las de siempre: ataques directos, delincuentes fuereños, que las personas asesinadas algo debían. La realidad es que continúan matando a seres humanos en “sus narices”, mientras que los políticos se hallan protegidos por escoltas y vehículos blindados. Ellos y sus familias sí que están protegidos, pero ¿y a la población quién la protege?

Los asesinatos, homicidios, cobros de piso, incendios de unidades del transporte público, amenazas veladas y las no tanto, son el común denominador y que mantienen en la incertidumbre y zozobra a quien nada debe, pero sí teme, al menos ser una víctima colateral de esa inseguridad que sentó sus reales en tierras zapatistas, donde se ha reconocido que la fuerza policial es insuficiente para realizar operativos que finalicen con resultados positivos.

El homicidio, que no fallecimiento como dijo González Saravia en su comunicado, del regidor y activista social, Gabriel Rivas Ríos, el pasado miércoles 04 de noviembre en los Ejidos de Acapantzingo, volvió a encender las alertas. Este asesinato a mansalva trascendió, otra vez, a nivel nacional, donde incluso la presidenta con A, Claudia Sheinbaum, informó que el gobierno federal intervendrá en el caso y “coordinará” con el estado para ver la situación que guarda el predio de “La Cazahuatera”, último caso que defendía el regidor asesinado.

Este lamentable hecho violento sirvió para que políticos que persiguen “otro hueso” se pronunciaran acusando al gobierno municipal y estatal por la falta de seguridad. ¡Vamos! como se dice coloquialmente “a río revuelto…. ganancia de pescadores”, es decir, que ya tienen tema para “acercarse” a la población sedienta de justicia y jurar y perjurar que, si son los ungidos, ellos sí van a trabajar en “cuidarlos y protegerlos”, con las promesas de siempre, mismas que ha quedado de manifiesto, son “palabras que se lleva el viento” apenas logran su cometido.

Mientras, actores políticos, el gobierno municipal, estatal y demás funcionarios o representantes, sean del partido que sean, inundan las redes sociales con sus esquelas, sus comunicados y declaraciones condenando el asesinato de Rivas Ríos, pero ¿por qué no actuaron antes? ¿Por qué ignoraron las denuncias que hizo tras ser amenazado? ¿le brindaron protección? Si así fue, ¿por cuánto tiempo y por qué se la quitaron? ¿qué pasará con la regidora Paz Hernández y el secretario del Ayuntamiento, Óscar Cano Mondragón, quienes fueron cuestionados por Rivas en sesión pública sobre lo que sabían de las presuntas amenazas e intimidaciones? ¿los investigarán? ¿serán relevados del cargo? Porque una cosa es negar y otra sustentar sus dichos.

Así, tras el asesinato del activista social y regidor, la Asociación Gustavo Salgado exigió, tras una marcha, la renuncia de Paz Hernández y Cano Mondragón, la cancelación de las licencias del proyecto habitacional Alto Verde de Portenta y que el predio La Cazahuatera sea declarado parque público y lleve el nombre de Gabriel Rivas Ríos, así como se investigue a la regidora en comento, quien en una sesión de cabildo lo amenazara de muerte, incluso señalaron que Jorge Jiménez Ocampo, director de Comunicación Social del ayuntamiento capitalino, de haber hecho una campaña en su contra.

En este peliagudo y escabroso asunto ya ordenó la presidenta con A apoyo federal para su esclarecimiento, no importando que Urióstegui Salgado fuera tajante que no necesitaba que el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, le llamara para hacer su trabajo. Eso sí, fue a dar el pésame y condenar el homicidio del activista.

Se reitera, ¿era necesario que se asesinara a un reconocido activista social y político para que, ahora sí, tanto el edil como la gobernadora salieran a reflectores a decir que se investigará hasta las últimas consecuencias su asesinato? No es con pronunciamientos y declaraciones a modo como se devolverá la tranquilidad a Cuernavaca y a todo el estado, donde diariamente asesinan a personas ajenas a la delincuencia.

También se les debe dar voz y voto a los familiares de personas ultimadas, mismos que son olvidados, relegados, discriminados y no merecen declaraciones oficiales para darles, mínimo, el pésame y garantizarles una impartición de justicia pronta y expedita. Morelos es ya un estado fallido donde los ciudadanos no confían en sus autoridades, es un estado donde los morelenses salen a sus centros de trabajo rogando por regresar a salvo a sus hogares, un estado donde la inseguridad se ha normalizado a tal punto que los asesinatos pasan a formar sólo parte de la estadística.

Morelos son todos quienes aquí habitan y transitan, por lo que a todos se les debe garantizar certidumbre y seguridad, a todos por igual, sin distingos partidistas, ni estatus sociales o escaños políticos. Ya se verá en qué acaba este asunto. En tanto, no se duda que en próximos días arriben más elementos federales y castrenses para hacer la pantomima que se refuerzan los operativos y recorridos de prevención, porque queda claro que de nada ha servido esa estrategia, de nada. Tiempo.

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