Por ALEJANDRO CÁRDENAS SAN ANTONIO / MASEUAL
Cuernavaca, Morelos, México, 19 de octubre de 2026.- México está entrando en una etapa que puede cambiar la vida de millones de personas. Nacen menos niños, aumenta la edad de la población y la inteligencia artificial (IA) comienza a transformar la manera de trabajar.
Cada uno de estos cambios tiene sus propios retos, pero juntos plantean una pregunta importante: ¿está el país preparándose para sostener su economía y sus servicios públicos en los próximos años?
Los datos ayudan a entender por qué importa el tema. La Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publicada en septiembre de 2026, estimó que México tenía 130.9 millones de habitantes. La edad mediana pasó de 29 años en 2020 a 32 en 2025. Esto significa que la mitad de la población tenía 32 años o menos y la otra mitad era mayor. Al mismo tiempo, el crecimiento de la población se hizo más lento.
También están naciendo menos niños en relación con el tamaño de la población. Las estimaciones disponibles sitúan la tasa de fecundidad en alrededor de 1.2 hijos por mujer en 2024, por debajo de los aproximadamente 2.1 que se consideran necesarios para mantener estable una población a largo plazo, sin contar los efectos de la migración.
Por otra parte, el INEGI registró 1 millón 678 mil 532 nacimientos durante 2025. Esta última cifra corresponde a nacimientos registrados y no debe confundirse con la tasa de fecundidad.
¿Qué significa todo esto para la vida cotidiana? Con el paso de los años, podría haber proporcionalmente menos personas en edad de trabajar y más adultos mayores que necesiten atención médica, pensiones o ayuda para realizar actividades diarias.
Esto no significa que el país vaya a enfrentar una crisis inevitable, pero sí que tendrá que organizar mejor sus recursos para responder a nuevas necesidades y aquí entra la inteligencia artificial.
Las herramientas capaces de analizar información, redactar documentos, atender consultas o automatizar tareas pueden ayudar a las empresas y al gobierno a trabajar con mayor rapidez. Si una empresa produce más con el mismo número de trabajadores, por ejemplo, puede mejorar su productividad. En una población que envejece y cuyo crecimiento es más lento, esa posibilidad puede ser especialmente útil.
Pero hay una diferencia entre tener acceso a la tecnología y aprovecharla realmente. Para obtener beneficios se necesitan trabajadores capacitados, empresas dispuestas a invertir y acceso adecuado a internet y herramientas digitales. De lo contrario, las ventajas podrían concentrarse en las compañías grandes y en quienes tienen más preparación, mientras otros trabajadores y pequeños negocios se quedan atrás.
México enfrenta, además, un problema que la tecnología no resuelve por sí sola: alrededor de 55% del empleo es informal, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Esto importa porque los empleos informales suelen ofrecer menor protección social y no siempre contribuyen al financiamiento público de la misma manera que los empleos formales.
Si la inteligencia artificial aumenta las ganancias de algunas empresas, pero no mejora de forma amplia los empleos, los salarios y la formalidad, sus beneficios para las finanzas públicas podrían ser limitados.
Tampoco sabemos todavía cuánto ayudará la IA a compensar los efectos económicos del envejecimiento en México. Puede mejorar ciertos procesos de salud y administración, pero no sustituye el dinero necesario para pagar pensiones ni la atención personal que requieren muchos adultos mayores. Su contribución dependerá de cómo se utilice y de quiénes puedan beneficiarse de ella.
Por eso conviene pensar en los próximos tres sexenios, de 2024 a 2042, como un periodo para prepararse, no como un futuro escrito de antemano. México necesita mejorar la educación y la capacitación digital, facilitar que más empresas incorporen nuevas tecnologías, impulsar el empleo formal y planear cómo financiar las pensiones, la salud y los cuidados.
México tiene por delante dos cambios que avanzan al mismo tiempo: una población que envejece y una tecnología que está transformando el trabajo.
Ninguno determina por sí solo lo que ocurrirá. Lo importante será cómo se adapten las empresas, qué oportunidades tengan los trabajadores y qué medidas tomen las autoridades para responder a las nuevas necesidades.
Los próximos años permitirán ver si el país logra aprovechar la inteligencia artificial y prepararse para los cambios demográficos, o si termina atendiendo sus consecuencias cuando sean más difíciles y costosas de resolver.
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